Con todo y que nos hallamos ante una interesantísima propuesta por parte de este director, quizás sea este camino el que al final termine por desterrar a Shyamalan del cine de masas. Sólo el tiempo lo dirá.

★★★☆☆ Buena

El incidente

Vacua reseña escrita en diez minutos con uno que otro pequeño spoiler, así que aquellos que no hayan visto esta película y todavía quieran hacerlo harían bien en postergar su visita.

La idea mayoritaria que ha surgido tras ver El incidente (2008) ha sido la de hallarnos ante una de las películas más personales de Shyamalan; esto no sólo en cuanto a ese gran Tema que ha venido mostrando en toda su filmografía desde El sexto sentido (1999) (que también), sino en cuanto a que esta vez nos ha echado en cara una de sus cintas menos accesibles y, sin duda alguna, con mayor tendencia a polarizar al público hasta sus extremos más radicales. Todo esto resulta algo impensable en un director "comercial", ya que si bien Shyamalan puede haberse entregado a excesos con anterioridad, todas sus películas conseguían en cierta forma llegar al público mayoritario a través de trucos básicos como el final sorpresa o la seguridad que a veces otorga la estética del género que tocara (terror, cómics, fantasía, etc). El caso de El incidente no es así: una vez más, el director de aquella obra maestra (que sí, que sí) llamada La joven del agua (2006) ahonda en el mismo discurso acerca de la búsqueda del Absoluto más allá de la inmediatez de la vida humana, pero en esta ocasión, por primera vez quizás, se regodea en el hecho de no darnos ninguna respuesta.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que El incidente está muy lejos de ser el típico thriller apocalíptico. Por mucho que sus avances iniciales hayan hecho hincapié en el extraño evento que causa que los seres humanos comiencen a suicidarse en masa de forma inexplicable, el énfasis de Shyamalan está en los personajes centrales y en el drama particular que cada uno de ellos sufre para sobrevivir en un mundo donde cada persona tiende a aislarse de sus sentimientos. Es este detalle uno de los muchos temas en los que insiste a lo largo de todo el metraje: la odisea para huir del Apocalipsis se combina con el no menos azaroso viaje de una pareja distanciada cuyo uno de sus miembros ha decidido voluntariamente mantener alejados sus sentimientos (tema que está maravillosamente simbolizado en el mood ring que lleva su consorte en el dedo). El resultado es una película apocalíptica en la que no sucede casi nada, en la que siempre es de día, siempre hay planos abiertos, y en la que existe un aparente distanciamento por parte del director que se nos antoja como un desafío hacia sus críticos (atención a los créditos finales para ver la curiosa forma que Shyamalan ha adoptado para hacer esta vez su ya acostumbrado cameo), que siempre parecen crucificarle por ser tan personal. Con El incidente viene todo un desquite: el director se distancia, lo explícito desaparece y no hay al final ninguna gran revelación que sirva al público un gran giro.

En esta ocasión estamos ante un tratamiento distinto: desde la inusual escogencia como actor de Mark Whalberg (haciendo un personaje grotesco en cuanto a su inseguridad y descalabro) hasta un final en el que, rompiendo con la costumbre de sus películas anteriores, no hay ninguna sorpresa. Ya desde el principio Shyamalan nos advierte que, por muchas teorías que rebusquemos, la naturaleza se manifiesta a veces de forma inexplicable, y la búsqueda de ese Absoluto que explique nuestra existencia se queda en eso, en teorías, porque nada es seguro. De ahí que el verdadero drama de los personajes devenga realmente en su contacto entre ellos y sus sentimientos ("no tomes de la mano a mi hija a menos que lo sientas de verdad"), algo que siempre ha estado presente en el cine de Shyamalan pero que hasta ahora no se había presentado en forma tan desnuda y desprovista de artificios "de impacto". Con todo esto, el director nos ofrece con esta película su lado sin duda alguna más cruel; secuencias como la de la obra, la de la pistola compartida, la visión de las calles de Princeton o toda la espeluznante secuencia en casa de la ermitaña son las que más se comentan y con razón, no sólo por su evidente fuerza visual sino incluso por el uso tan efectivo de la propia autoreferencia (el momento del vídeo es clavado al de Señales (2002), como ya muchos han señalado).

Con todo y que nos hallamos ante una interesantísima propuesta por parte de este director (que a mí, particularmente, me entusiasma bastante), quizás sea evidente su cada vez más marcado radicalismo. Tal como han dicho otros de mejor forma que yo, quizás sea este camino el que al final termine por desterrar a Shyamalan del cine de masas. Sólo el tiempo lo dirá.

publicado por Hombre Lobo el 20 junio, 2008

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