La última pieza del director indio más famoso de Hollywood, lo encuentra en su faceta más arriesgada y con una cantidad equivalente de aciertos e impericias.

★★★☆☆ Buena

El incidente

La tagline que acompaña el póster americano nos previene: “We’ve sensed it. We’v seen the signs. Now… It’s happening.” (”Lo hemos sentido. Hemos visto las señales. Ahora… está ocurriendo.”) La frase supuestamente establece una clave para leer la última película de Shyamalan, como una sucesora natural de la filmografía del director indio. Sin embargo, nada más alejado de sus anteriores películas que este thriller cercano al universo del terror clase b. Luego del enorme traspié que significó Lady in the water, un cuentito de hadas que fue vapuleado por la crítica y el público en general, Shyamalan vuelve al suspenso, el género que le ha dado las mayores satisfacciones. Pero no vuelve sobre sus pasos, con sus consabidas (y muy molestas) vueltas de tuerca sobre el final, y sus cameos cada vez más obvios (esta vez se limita a aparecer en la voz del hombre que llama constantemente a Alma, la mujer de Elliot). Lo que hace en El incidente no tiene parangón con el resto de sus películas. En primer lugar, apela a todos los códigos conocidos del cine clase b, a saber: Actuaciones mediocres, (exceptuando la performance de Zooey Deschanel, todo el elenco se acopla a esa línea, especialmente Mark Wahlberg, en una de sus interpretaciones más conscientemente débiles), una trama romántica flojamente construida y desarrollada, y una puesta visual exacerbada y efectista. El comienzo de la película ya nos da la pauta de que no estamos ante una película típicamente Shyamalan. No hay progresión del suspenso, en la primera secuencia, la situación apocalíptica y terrorífica se instala completamente. El hecho de narrar una historia de terror sin corporizar el mal al que se enfrentan los personajes, funciona tanto para el registro de clase b como para la línea que sigue Shyamalan en sus películas. De igual forma funcionan los encuadres repetidos en el cine de Shyamalan (por ej., el plano en el que coherente y prolijamente “amontona” gente escuchando a un orador), planos que no desentonan en el registro que adopta Shyamalan para El incidente. Por supuesto que este cambio conlleva numerosas torpezas. Por momentos, no podemos determinar si Wahlberg y su personaje “son o se hacen”, si su mala actuación es completamente adrede o algo involuntaria, y lo mismo se aprecia en la progresión del romance de la pareja protagónica, que tiende a avanzar a los ponchazos. De la misma manera, hay elementos que no se terminan de comprender (la muñeca de porcelana en la cama de la señora Jones, por ejemplo) y que aparecen en los momentos precisos en los que podríamos esperar la típica vuelta de tuerca alla Shyamalan. Afortunadamente, no resuelve la historia con un giro absurdo, pero termina apelando a un final con pobre discurso ecologista, y a un desenlace estirado hasta el extremo. La última pieza del director indio más famoso de Hollywood, lo encuentra en su faceta más arriesgada y con una cantidad equivalente de aciertos e impericias. Por suerte, para salvar su pellejo ante los productores, no ha resuelto apelar a la constante autocita, algo que temíamos que suceda al leer la frase promocional del cartel americano.
publicado por Leo A.Senderovsky el 24 junio, 2008

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