En fin, estamos ante un impecable, inquieto y sugerente creador de imágenes y constructor de sueños infantiles que – para desgracia de muchos – tendrá que esperar décadas hasta obtener el merecido reconocimiento.

★★★★★ Excelente

El incidente

Tras el doloroso y sensible cuento de hadas que conocemos con el título de Lady in the Water, obra singular pero incompleta que expresa la necesidad de descifrar las profundidades del mundo hasta dar con el sentido mágico de la existencia, The Happening supone una nueva toma de conciencia de las mismas obsesiones construida esta vez sobre la mitología y los tópicos de la serie B, la ciencia ficción será la referencia cinéfila que el extraordinario cineasta M. Night Shyamalan utiliza para desarrollar su parábola apocalíptica, en contraposición a su precedente inspirado en el cuento mágico. Toda su filmografía se esta convirtiendo en un diario íntimo que en cada capítulo utiliza y homenajea distintos ámbitos literarios o subgéneros cinematográficos para hablar de sus inquietudes espirituales.


La utilización del montaje, la vida humana y vegetal en la composición de planos y encuadres, partiendo de la visión del cielo amenazante que acompaña los títulos de crédito (atención a las notas de James Newton Howard) que luego desciende hasta la ciudad y la muchedumbre en central park, el interior de edificios, la huida a través de carreteras y caminos y el grupo humano perdido entre arbustos y árboles cuyo ramaje se mueve con el flujo del viento. El lenguaje visual nos habla de la coexistencia entre naturaleza y humanidad, en la que la primera es percibida como un factor amenazante para la segunda, la cual no acierta a comprender los acontecimientos que han dinamitado la normalidad cotidiana. El espectador no debe caer en el error de asumir una explicación que aparentemente nos viene dada en boca de los distintos personajes que Shyamalan utiliza para articular su discurso. Esta película habla de percepciones especulativas, no de hechos. De comportamientos extraños de la naturaleza (de los límites del conocimiento científico, por ende) que se añaden a una humanidad ya de por si desorientada, siendo la incomunicación y la inestabilidad emocional dos motivos relevantes representados en la pareja protagonista.


Mark Wahlberg y Zooey Deschanel escenifican la crisis íntima y relacional que sirve de correlato para la crisis colectiva, la cual a su vez desencadena la aventura que termina en la reconciliación de los dos protagonistas. Lo extraordinario irrumpe en la realidad cotidiana y provoca el surgimiento del amor y el valor en el momento decisivo; separado de su amada, Elliot da el paso que no habría dado en circunstancias normales. Desafía al viento y sale al exterior para compartir sus sentimientos con Alma… (¿Alma?)


Desafiar al viento…, el recurso de Shyamalan, de tan simple, termina sirviendo a una épica intimista. Andrei Tarkovski demostró ,con su obra El espejo, que no hay nada tan bello y evocador como una ráfaga de viento contemplada por una conciencia que fluye en el tiempo. Aquí, Shyamalan lo utiliza como explicitación de la incertidumbre en una conciencia temerosa. En el marco inferior de la pantalla aparece la hora exacta en que los protagonistas vencen el miedo y se salvan. Y en una secuencia posterior, los contertulios en la retransmisión televisiva confirman que JUSTO en ese momento la amenaza natural, misteriosamente, había remitido. Nuestro conocimiento del funcionamiento del mundo es limitado. Y a pesar de un final abierto a los interrogantes y a la súbita reaparición de la incertidumbre en forma de nubes que invaden el cielo de Paris, lo que Shyamalan nos esta sugiriendo – a escondidas, casi – es que el acto de valor, amor y reconciliación entre dos seres humanos perdidos en un remoto paraje rural es la variable y el factor que ha detenido el avance de la catástrofe. El suicido colectivo encuentra remedio en el amor de un solo individuo. Una esperanza ingenua, pero no por ello menos valiosa…

Muchos espectadores se quejan de la frialdad con la que Shyamalan construye la relación entre los personajes centrales, con esa aparente falta de conexión emocional, lo cual no es un error sino que forma parte de la intencionalidad narrativa del autor. La incomunicación, el sarcasmo, el humor que ridiculiza a los personajes en momentos clave forman la mirada que culmina con la escena más resolutiva, cuando la eclosión del valor y el amor triunfan sobre la frialdad emocional. Shyamalan opta por la sensibilidad y – muy inteligentemente – elude el sentimentalismo.

Tampoco es trivial el personaje que antecede al triunfo del sentimiento sobre la frialdad: esa vieja ermitaña que odia a la humanidad, máximo exponente de la incomunicación, la cual protagoniza imágenes perturbadoras que ejemplifican la sobriedad y precisión de Shyamalan en la puesta en escena: basta un plano sostenido hacia los ventalanes de la casa en los que la anciana provoca su muerte espasmódica, sin un solo corte ni "raccord" innecesario, magnetizando la imagen mientras el espectador aguanta la respiración. Otro momento ejemplar lo tenemos en el plano secuencia que encuadra las piernas de los ciudadanos que se suicidan con revolver en mano, enfatiza la angustia porque el espectador sabe lo que va ocurrir sin contemplar los detalles.

En fin, estamos ante un impecable, inquieto y sugerente creador de imágenes y constructor de sueños infantiles que – para desgracia de muchos – tendrá que esperar décadas hasta obtener el merecido reconocimiento. Desde una perspectiva futura, y a la espera de sus próximas creaciones, es posible que The Happening sea la obra maestra que ahora mismo no podemos proclamar.

Pueden seguir leyendo y escuchando opiniones en contra del cine de M. Night Shyamalan, lo cual es recomendable como testimonio de la más absoluta estupidez. Y es mejor reír que llorar.
publicado por José A. Peig el 16 junio, 2008

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