Crítica de

El incidente

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Cartel de la película El incidente (2008) de M. Night Shyamalan

Las películas catastróficas han vuelto – The Host, Invasión, Monstruoso, La niebla o El incidente -, siempre vuelven cuando algo nos impacta y nos asusta; es el inconsciente colectivo de Jung filmado en cinemascope, el miedo digerido del 11-S y del efecto invernadero.

Si La niebla – obra maestra absoluta – clava la fórmula y se convierte en la cara (la venganza de Dios o de la naturaleza y la torpeza del humano), El incidente de M. Night Shyamalan es la cruz; y es que el director indio que nos dejó con la boca abierta con cuatro películas soberbias El sexto sentido, El protegido, Señales y El bosque sucumbe por falta de modestia y de análisis crítico porque El incidente no tiene lógica interna ni coherencia mínima y el genio se cree que con lo ya ganado todo vale.

El detonante de la película es una bomba de relojería: 1) nos atrapa y entusiasma – esos cuerpos que caen a peso de lo alto del edificio y que impactan sonoramente en lo más profundo recordando los que caían de las Torres Gemelas, ese arma que van disparándose uno tras otro en un suicida y perverso fuera de campo -; 2) pero estalla y se convierte en su propia tumba – la película termina a los quince minutos, todo lo demás es superfluo y repetitivo.

Los manipuladores esfuerzos del guión por dar giros que incrementen el interés son absurdos y mentirosos y van en contra de las reglas de juego que la propia película ha creado: un mundo veraz y cierto, el mundo real en que vivimos y que podemos identificar, de pronto, por los estertores de la historia, pasa a ser un mundo sumido en la ciencia ficción donde las plantas razonan – matando a grupos cada vez más reducidos con deus ex machina garrafales que salvan una y otra vez al protagonista –. Por ahí nos satura o nos pierde Shyamalan – endiosado o impotente – y empezamos a entender la estafa.

El director-guionista no quiere a sus personajes ya que sus acciones y decisiones son estúpidas – por tanto también trata de bobo al espectador – porque si los protagonistas intuyen que el peligro está en el exterior ¿por qué abandonan los coches y siguen a pie en medio del bosque?

Mark Wahlberg, el protagonista, siempre está a merced de los elementos y nunca se libra del peligro por su esfuerzo personal sino por la suerte – la miserable imaginación de un pésimo guionista -. Que aprenda Shyamalan del Roger O. Thornhill de Con la muerte en los talones de su adorado Hitchcock donde la inteligencia y la causalidad eliminan el azar.

La naturaleza no discrimina a los hombres por ser o no protagonistas de una película, si decide matar como venganza o en defensa propia, mataría por igual y no en función de etiquetas, todo lo que escape a esta lógica no es que sea casualidad o destino – como brillantemente se expone en Señales – ni tampoco ciencia ficción, es tomadura de pelo.

Que no nos engañe, Shyamalan no es ecológico, Shyamalan está verde.


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