Una película de suspenso medido, perturbadora por momentos, basada en un argumento entre original e inverosímil, pero que no consigue llegar a interesar ni a sorprender como solía hacerlo este director.

★★☆☆☆ Mediocre

El incidente

A partir de aquella casi revolucionaria película que fue "Sexto Sentido", gracias a la cual se hizo conocido en todo el mundo, cuando uno se apresta a ver un trabajo de M. Night Shyamalan, no lo hace esperando encontrarse con un desarrollo argumental clásico, sino que se dispone a dejarse llevar por las distintas sensaciones y ambientes que le propondrá el film, aguardando el momento del sorprendente giro argumental que devela las incógnitas, le otorga sentido a los acontecimientos, y que matiza todo, además, con un cierto trasfondo espiritual como intento de moraleja final, haciendo que uno ponga cara de pavote sorprendido y exclame "¡Aahhhh mirá vos!".
Al menos, así era la cosa en las primeras películas ("Sexto Sentido", "El Protegido", un poco menos en "Señales" y bastante menos en "La Aldea").
En la que vino después ("La dama del agua"), medio que el hindú derrapó un poco y llevó adelante una película que rozaba el cuento de hadas, casi monótona en su desarrollo, y en la que solo dejó translucir, apenas, un intento de lograr ese sello característico que había sabido darle a sus trabajos anteriores.
Con esta última producción, "El fin de los tiempos" ("The Happening" en inglés), se nota la intención de recuperar algo de aquella mística perdida, mostrando una película mas cruda, con buenos momentos de suspenso y escenas que son, como mínimo, perturbadoras (No se si a todos les pasará, pero ver gente que conscientemente se hace daño a mi me pone incómodo).
Sin embargo esto no resulta suficiente mérito como para salvar un guión quizás demasiado poco elaborado, medio tirado de los pelos, y que sufre la ausencia de esa "insinuación" que hace que uno se angustie y espere ansioso el desenlace.
La historia comienza una mañana cualquiera, de un día cualquiera, en el Central Park, con la gente haciendo eso que hace la gente una mañana cualquiera de un día cualquiera en el Central Park.
De repente y sin motivo aparente, todos se quedan quietos y con cara de nada, como jugando a la estatua.
Segundos después, algunos comienzan a caminar para atrás (menos un imitador callejero de Michael Jackson que empieza a caminar para adelante) y luego, de a poco, increíblemente se empiezan a suicidar hasta morir de las mas diversas y vistosas maneras.
Una mina se clava un palito en el cogote, un policía se pega un tiro, una señora se come un cacho de sandía con un vaso de vino tinto, llueven obreros desde los edificios en construcción, un tipo se corta con papel a propósito, un piquetero toca una pala, y así.
Obviamente la noticia trasciende por todos los medios (especialmente en Crónica que se hace un festín) y empieza a cundir el pánico entre la población, especialmente cuando se comienza a conjeturar que todo aquello podría ser causado por un ataque terrorista con toxinas químicas (porque los yanquis son así. Ante cualquier cosa rara que les pasa, ya piensan que es alguien que los ataca).
Para escapar de esta caótica e inexplicable situación, el profesor de ciencias Elliot Moore decide que lo mejor es agarrar a su esposa Alma (con la que andaba medio peleado porque parece que la la muy turrita desvergonzada le estaba ocultando que se había hecho la viva y había salido con un chabón así a escondidas), y junto con su mejor amigo Julian y su hijita Jess, irse lo mas lejos que puedan.
La cosa es que se suben todos a un tren que, después de un tiempo de viaje y en mitad de la nada, se queda sin gasoil y los deja a pata (y sin devolución del dinero del pasaje ni nada. Como acá).
Ahí se empiezan a poner medio nerviosos, pero como se dan cuenta de que los ataques se dan en las grandes ciudades y ellos quedaron varados en un pueblito de morondanga, confían en que estarán a salvo y así, alegremente, se van a comer algo a un café de por ahí.
En eso estaban, ellos y todos los pasajeros del tren, cuando el dueño del local pone un noticiero donde se anuncia que el fenómeno de "Los loquitos suicidas" (Se lo llamó así. No son muy serios los yanquis para poner nombres) se está extendiendo rápidamente a otras ciudades.
¡Para que! Se arma un quilombo de la gran siete.
Todo el mundo sale corriendo despavorido, gritando y subiéndose las enaguas, y para peor, sin pagar un peso de las consumiciones.
Se suben amontonados en todos los autos que encuentran y salen rajando.
Los únicos lerdos que se quedan a gamba son el profesor, la sinvergüenza de la esposa, el mejor amigo y su hijita.
Justo en ese momento de zozobra, la mujer de Julian (oportuna como toda mujer) lo llama para decirle que está en otra ciudad y que mejor que salga ya mismo a buscarla porque sino ya va a ver cuando lo encuentre.
Como buen pollerudo, Julian decide separarse del grupo para ir a buscar a la mujer, pero no sin antes dejarle a su hijita como peludo de regalo a Elliot y a su esposa, que se la tienen que fumar durante el resto de la película.
A partir de ahí, todo se convertirá en una desesperada carrera de estos sobrevivientes que, además de intentar recomponer su relación y lidiar con el paquete que les dejó el amigo, deberán hacer todo lo posible por tratar de escapar del misterioso y mortal fenómeno, mientras intentan develar los motivos que lo podrían estar causando.
Lamentablemente, y contrariamente a lo que podría esperarse, en esta película no existe ese giro sorpresivo y sobrenatural de la trama que aclara las cosas en un segundo casi al final sino que, por el contrario, ya mas o menos a la mitad de la cinta se va descubriendo el misterio, lo cual le quita mucho suspenso y fuerza a lo que queda por verse.
Si bien la película cuenta con algunos momentos intensos y bien logrados, presenta también un desarrollo algo irregular, casi lento en algunos tramos, lo cual, sumado al hecho de que en esta ocasión se optó por mostrar en lugar de sugerir, no consigue provocar esa sensación de angustia o impaciencia deseables para una película de este tipo.
El guión es liviano, simple y sin vueltas; y nada aporta a unas actuaciones desganadas que casi en ningún momento consiguieron transmitir demasiado (en especial la nenita, que es de madera balsa).
El elenco estuvo integrado por Mark Wahlberg en el papel de Elliot Moore, Zooey Deschanel como Alma, John Leguizamo como Julian y Betty Buckley como la colifa de la Sra. Jones.
Cabe destacarse también la actuación de la planta que interpreta a una planta de plástico en la escena con Mark Walhberg. Realmente conmovedora.
Como ya dije, esta es otra de las creaciones para coleccionistas de M. Night Shyamalan, quien aparentemente en estos últimos tiempos está fumando de la buena.

Calificación: 2 Renegados y medio (Regular. Una película de suspenso medido, perturbadora por momentos, basada en un argumento entre original e inverosímil, pero que no consigue llegar a interesar ni a sorprender como solía hacerlo este director).

Recomendaciones: Si a Ud. le gustó Sexto Sentido y pretende ver algo así, no vaya. No tiene nada que ver.
Si Ud. es medio paranoico y se cree cualquier cosa, no vaya. Le puede hacer mal.
Si Ud. suele ser de esos loquitos que le hablan a las plantas, vaya y siéntase tranquilo pensando que quizás en una situación como la que presenta la película, podrían nombrarlo embajador.
Si Ud. es M. Night Shyamalan … Negro, te estás pasando de mambo con al faso. De onda. Largá un toque. O convidá …
Lo mejor: Lo perturbador de algunas escenas.
Lo peor: Por momentos parece una película clase B.
publicado por Renegado el 27 junio, 2008

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