Ni las secuencias de epicismo y heroicidad, ni las entretenidas batallas (en cámara lenta…) que posee la película, han podido remediar la sensación agridulce de haber presenciado una absoluta pequeñez, comparado con lo que podría haber sido de verdad

★★★☆☆ Buena

300

Antes que nada, me gustaría decir que soy de los que les encantó Sin City (aunque no la he vuelto a ver desde su estreno en cines, esperando a que saliese una edición en DVD a la altura de las circunstancias), pero no de los que han leído las novelas gráficas de Frank Miller en las cuales están basadas la ya mencionada, y la película que ocupa este texto: 300, dirigida por Zack Snyder (director de la muy disfrutable Amanecer de los muertos), por lo cual, desconozco si es una adaptación fiel y a la altura de la obra de este señor.

Tenía muchas ganas de ver esta película, gracias a los magníficos trailers y clips de la película que Warner nos ha ido ofreciendo como carnaza para los que más esperabamos verla, durante todo el tiempo que llevamos esperando para que se estrene. Pero el caso es que crearse muchas expectativas para una película de una relevancia considerable artística y económicamente hablando, como lo es 300, puede llegar a ser un error garrafal. Y es que no he podido evitar sentirme un pelín defraudado al terminar la proyección.

300 es un espectáculo audiovisual único y fiel al estilo de Frank Miller, como ya sucedía en Sin City. Un deleite para la vista (hay planos que son verdaderas obras de arte, y no le quita ningún mérito el que sean un calco de los dibujos de Miller) y el oído (la banda sonora es fantástica, una mezcla de géneros explosiva sin precedentes en los peplum). Hay batallas de lanza y espada para dar y tomar: Un auténtico festín violentamente explícito y entretenido, donde parece no haber lugar para el rigor histórico. Además, el reparto está al cien por cien (Gerald Butler, el rey Leónidas, enorme para mi gusto).

Pero por desgracia en este caso no es oro todo lo que reluce (aunque podría haberlo sido perfectamente).

Bajo mi punto de vista, la mejor forma de definir 300 es comparándola con un “regalo-matriuska”: te hacen entrega de una caja enorme, con un envoltorio muy vistoso, rozando la exquisitez. Lo abres como si te fuera la vida en ello, deseando ver qué hay dentro, pero te encuentras con otra caja más pequeña. Así una vez, y otra, y otra, hasta encontrarte una cajita pequeña en la cual dentro está el regalo, que al verlo, te agrada, pero que tampoco te parece nada del otro mundo para tanto envoltorio.

300 es así. Técnicamente es perfecta, pero algo falla. La historia no me ha parecido nada del otro jueves. Al principio interesa, pero ese interés se va desinflando a medida que va pasando el tiempo. En mi opinión parte de culpa de ello la tiene el argumento, que no da para casi dos horazas de duración (hay varias “escenas de estiramiento” bastante aburridas durante el nudo de la película…), y el denunciable y absolutamente excesivo uso de la cámara lenta, que acaba sobrecargando, y lo único que consigue es aborrecer y ponerle más palos a la rueda del ya irregular ritmo del filme.

Pero dentro de lo que cabe, la he disfrutado, aunque ni las secuencias de epicismo y heroicidad, ni las batallas (en cámara lenta…) que posee la película, han podido remediar una sensación agridulce de haber presenciado una absoluta pequeñez comparado con lo que podría haber sido de verdad.
Lo mejor: - Es entretenida, espectacular y va al grano. - Gerald Butler. - Técnicamente perfecta.
Lo peor: - El argumento no es nada del otro jueves como para que dure dos horazas. - Las subtramas ajenas a la batalla de las Termópilas; simplemente importan un bledo.
publicado por Rafa Delgado el 18 junio, 2007

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