Una batalla de hora y tres cuartos, plagada de robustos muchachos en calzones, paisajes y colorines imposibles y cantidad de cámara lenta para que el espectador se pueda recrear en los planos que se curra el señor director.

★★☆☆☆ Mediocre

300

Bueno, pues la peli es una adaptación de una novela gráfica de Frank Miller, que últimamente se está poniendo las botas porque a todo el mundo le da por adaptar cosas suyas (quien se lo iba a decir después de que hiciera los guiones de Robocop 2 y 3). Y la cosa va de que los Espartanos (que en la peli, más que una civilización de guerreros, eso parece un gimnasio) no tienen ni putas ganas de pagar un tributo (o no se que de agua y tierra) a los Persas (cuyo cabecilla es un tio muy alto, negro, con voz de carajillo y una cara que parece un joyero) y a pesar de que estos últimos les ganan en número cosa mala, los Espartanos (que son de la teoría de que “pa chulo, chulo, mi pirulo”) se van a la batalla, sin pensárselo demasiado, con apenas 300 soldados.

 

¡Vaya rollo! Y es que, a mi no me molesta el hecho de que la peli sea un festival del croma, siempre y cuando la cosa vaya cogida de la mano de una buena historia, para ayudar a potenciarla, pero el caso es que en esta peli, simplemente, no hay historia, solo nos están contando ¡una puta batalla! Y es que incluso la batalla que nos están vendiendo, es muy sosa, no hay chicha (y la poca que hay está ya muy vista, ¡hostias!); y como mucho, lo poco que hay es épica. Pero es que para el director Zack Snyder (tiemblo solo de pensar que éste tipo se encargará de dirigir Watchmen) la épica consiste, puramente, en que los personajes griten como locos durante toda la peli (incluso cuando estén charlando amigablemente) y abusar de forma constante de la cámara lenta, que estoy seguro que si quitamos todas las cámaras lentas que tiene la cinta y las pones a velocidad normal, la peli no pasa de los 30 minutos, ¡coño! Y que no digo yo que el hombre no se esfuerce en sacar bonitos planos en ocasiones, pero es que todo lo demás está vacío, ¡que deje el cine y se ponga a hacer postales!

 

Resumiendo: Una puta batalla de hora y tres cuartos, plagada de robustos muchachos en calzones, paisajes y colorines imposibles y cantidad de cámara lenta para que el espectador se pueda recrear en los planos que se curra el señor director.

publicado por Jefe Dreyfus el 19 febrero, 2008

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