Chocante, deslumbrante, imponente…300 es de una calidad técnica indiscutible y un producto comercial perfecto, tan entretenida como impactante. Poco más puede pedírsele a una película.

★★★★★ Excelente

300

Me alegró muchísimo la noticia de que una película sobre la batalla de las Termópilas estaba siendo rodada. Me temí lo peor, sinceramente. Pensé que no sólo se inventarían la historia sino que además sería un tostón inaguantable. En parte tenía razón, pues se ha sido muy poco fiel a los hechos históricos, pero, por otra parte, ha resultado entretenidísima. Además, no hay que olvidar que se trata de la adaptación de un cómic, no de una película que tome como fuente directa los textos contemporáneos a la batalla.

300 es una película formidable en casi todos los sentidos. Visualmente es una obra prodigiosa, no quedando achicada esta consideración ni siquiera teniendo en cuenta el (ab)uso que se ha hecho de la cámara lenta, pues ésta llega a formar parte esencial del conjunto fotográfico en la medida en que permite destacar una imagen concreta que de otra manera nos pasaría inadvertida, mereciendo ésta ser apreciada bien por su belleza, bien por su trascendencia argumental.

La trama tiene un ritmo tal que no da tregua en ningún momento al espectador, obligándole a permanecer en tensión a lo largo de todo el filme, sin dar cabida al aburrimiento, al contrario de lo que, desgraciadamente, a menudo ocurre en películas de esta índole.

300 es un homenaje a los valores espartanos, reflejándolos, al igual que las costumbres (selección exhaustiva de la raza, consideración bastante igualitaria de la mujer, etc.), por suerte, más fielmente de lo que esperaba. Los espartanos siempre me han parecido un pueblo ejemplar. Los tengo en una consideración bastante distinta de la de aquellos que los tildan de salvajes. ¡Pero si incluso Platón alababa los valores espartanos y los comparaba, quejumbroso y apenado, con los de esa Atenas autodestruída por su decadente democracia!

El valor, la entrega y la autoestima de los espartiatas contrasta de lleno con los valores promulgados por Jerjes, rey de los persas. Es totalmente cierto el trato esclavista que los comandantes persas ejercían sobre sus soldados, al contrario del trato igualitario que ejercían los espartanos, por lo que considero insulsas en ese sentido las protestas llegadas desde el Próximo Oriente. Además, ¡qué tendrá que ver un irakí o un iraní con un persa? ¡qué tendrá que ver el monoteísmo fanático con el politeísmo persa? ¡qué tendrá que ver un pueblo próspero, conquistador y floreciente con uno que se sume en la miseria debido mayoritariamente a sus guerras internas? En fin… es como si intentáramos comparar (como se ha pretendido por parte de algunos sectores) a los espartanos con los estadounidenses. A veces, las comparaciones, más que odiosas, resultan del todo ridículas.

Volviendo de nuevo a términos estríctamente cinematográficos, señalar la atmósfera fotográfica, claramente inspirada en la del cómic; a aquellos que lo habéis leído, seguro que no se os ha pasado desapercibida esta apreciación. Los tonos, las luces, el conjunto fotográfico en sí, incluso el ritmo narrativo y las escenas de la ciudad de Esparta intercaladas simultáneamente a la acción principal, todo evoca de alguna manera a la broncínea estética del cómic que dio origen al filme.

En resumen, 300 es de una calidad técnica indiscutible y un producto comercial perfecto, tan entretenida como impactante. Poco más puede pedírsele a una película.
publicado por Ana Galán el 3 abril, 2007

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