Al hacer de los vampiros simples monstruos, traiciona el espíritu temático de la novela de Richard Matheson, pero como película de acción es lo suficientemente ambiciosa como para que valga la pena su visionado.

★★★☆☆ Buena

Soy leyenda

Los créditos de Soy Leyenda (2007) incluyen, en los basamentos de su guión, no sólo a la novela de Richard Matheson, sino también a John William Corrington y Joyce Hooper Corrington, la pareja de guionistas artífices de El último hombre vivo (1971). Esto ya es una seña inequívoca de por donde irán los tiros en la película, ya que si bien el argumento se distancia bastante de la cinta protagonizada por Charlton Heston, sí comparte con ella su afán de película de acción, elevado claro está a la máxima potencia para convertirlo en el blockbuster que, finalmente, ha terminado por arrasar estas navidades. Recordemos que este proyecto en particular lleva gestándose más de una década, y finalmente nos hemos quedado sin aquella prometida versión de Ridley Scott protagonizada por Arnold Schwarzenegger. Por fortuna, el director Francis Lawrence ha logrado ofrecer un espectáculo digno alrededor de la condición de estrella de Will Smith, y aunque Soy Leyenda dista mucho de ser la adaptación de Matheson que tanto hemos esperado, tiene suficientes aciertos para merecer un visionado.

La historia es ya conocida por todos a estas alturas: Robert Neville, un científico militar, es el último hombre que queda en la devastada y solitaria ciudad de Nueva York (un cambio geográfico de esta historia que hasta la fecha siempre se había desarrollado en Los Ángeles). Durante el día ronda por las calles en busca de provisiones y durante la noche se atrinchera en su casa para resistir los embites de las hordas de vampiros/mutantes que habitan las ruinas de la ciudad. Los vampiros son el resultado de una mutación causada por una cura viral contra el cáncer que ha terminado por volverse contra sus creadores y arruinado a la raza humana. Neville, sin embargo, sigue buscando una vacuna al mismo tiempo que lucha por sobrevivir en la ciudad que se negó a abandonar.

Esta ciudad es, con toda seguridad, el mayor acierto de Soy Leyenda; aparte de la ya comprobada realidad de que una urbe vacía es algo que impacta en todo contexto, el Nueva York desolado de esta versión es quizá el más impresionante que se ha visto jamás en el cine, y una prueba del verdadero alcance de esta versión. Las tomas de la ciudad solitaria (que, en un inusual acierto para nuestra época, están desprovistas de toda música) son tan apabullantes que no puedo ni imaginar cómo debe haber sido ver esta película en su versión de IMAX, la cual por desgracia no tendremos de este lado del charco. Toda la primera mitad de la película se va en la recreación de esta atmósfera de soledad en la que sólo vemos a Neville y a Sam, su perra pastor alemán y único acompañante. Lo curioso es no sólo que Will Smith logra hacer un Neville convincente (muy a pesar de aquellos que se quejaban de que el protagonista fuera, a diferencia de lo que ocurre en la novela, de raza negra, una opinión sobre la cual no sé que pensar), sino que también el perro es un gran personaje cuya interacción con el prota proporciona el drama más efectivo de la película. La relación entre los dos es perfectamente creíble, y durante toda esta primera hora el público logra una conexión real con Neville, muy a pesar de los flashbacks que explican el origen de la plaga y los cuales, para mí al menos, no eran necesarios, a excepción, quizás, de la secuencia del escape de Manhattan, una escena que parece calcada de la reciente versión de Spielberg de La guerra de los mundos (2005).

Pero a pesar de toda su espectacularidad, Soy Leyenda fracasa en el apartado más importante: los vampiros a los que se enfrenta Neville. Si bien la primera vez que los vemos logran crear una de las secuencias más logradas y tensas de todo el metraje, una vez muerta la sorpresa resultan técnicamente decepcionantes, criaturas realizadas digitalmente y que parecen salidas de cierta película de momias dirigida por Stephen Sommers. Pero lo peor de todo es que, inexplicablemente, han decidido mostrarlos como simples monstruos completamente desprovistos de humanidad, con lo que directamente se han cargado el centro temático de la novela de Matheson a un nivel que ninguna de las otras dos versiones había alcanzado. Para colmo, el final de la película desprende un giro pseudo-religioso completamente fuera de lugar y que en cierta manera termina alterando incluso el sentido del título de la novela (algo que no puedo explicar sin spoilers).

Traiciones literarias aparte, lo que nos queda es una muy buena película de acción con una primera mitad bastante recomendable. Imprescindible verla en un cine para apreciar su espectacularidad y mantener las esperanzas de que una futura adaptación de la novela que colme nuestras espectativas.

publicado por Hombre Lobo el 23 diciembre, 2007

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