Francis Lawrence terjiversa por completo el mensaje de Matheson en beneficio de un esperanzador blockbuster palomitero que pierde todo su encanto a mitad de metraje.

★★☆☆☆ Mediocre

Soy leyenda

Ya está aquí el blockbuster navideño.

Dirigida por Francis Lawrence, responsable de la entretenida Constantine, y protagonizada casi íntegramente por Will Smith junto a Alice Braga, Salli Richardson, Paradox Pollack, Charlie Tahan y con un cameo de Emma Thompson incluído, llega por fin a nuestras pantallas la tercera adaptación cinematográfica de Soy leyenda, novela publicada por Richard Matheson en 1954.

La película nos sitúa en el año 2012. Robert Neville es el último hombre vivo sobre la faz de la Tierra, aunque no está solo. Los otros hombres, mujeres y niños se han convertido en vampiros, y están todos sedientos de la sangre de Neville. Durante el él el cazador, buscando a los muertos vivientes mientras duermen, pero en la noche debe esconderse esperando el amanecer…


Lo cierto es que un servidor le tenía unas ganas terribles a esta película, pero visto lo visto no he podido sentir más que una notable decepción; no por el producto propiamente dicho, sino más bien por lo que Soy leyenda podría haber sido y no es. Pero, para bien o para mal, en este blog siempre se ha defendido la innecesariedad de haber leído una novela previamente al visionado de una película, y tampoco vamos a hacer ahora una excepción.

Con una duración de poco más de hora y media, Soy leyenda se divide en dos partes claramente diferenciadas, a lo largo de las cuales asistimos a diversos flashbacks -no muy afortunados por lo general- que pretenden ponernos en antecedentes. La primera mitad, sin duda la más interesante, está única y exclusivamente interpretada por un solvente Will Smith acompañado de su perra Sam, y en ella Francis Lawrence nos deleita con una sucesión de espectaculares imágenes panorámicas de una New York devastada y seriamente afectada por el imperturbable avance de la Madre Naturaleza: edificios en ruinas, vehículos abandonados, suciedad por doquier… La gran manzana es ahora un vetigio del pasado, una ciudad fantasma habitada tan sólo por Robert Neville, que trata de mantener la codura por medio del hábito y la costumbre, ya sea con un disciplinado orden diario, con la búsqueda de una cura, o con la desesperada interacción con su perra, a través de la radio, o incuso con maniquíes, planteándonos a golpes de silencio diversos dilemas morales tanto del protagonista como de nuestra propia sociedad.

Por desgracia, en cuanto la trama de Soy leyenda deja de deleitarse con su planteamiento para comenzar a desarrollarse, el mito se desmorona a pasos agitantados: por un lado nos encontramos con la terrible decepción que suponen los vampiros, no por sus apariciones -por otro lado, basadas en tópicos golpes de efecto-, sino por su propia reconstrucción digital, bastante alejada del perfeccionamiento del CGI que hemos podido ver en varias producciones a lo largo de este 2007.

En definitiva, que están mal hechos.

Por otro lado, la crisis de identidad que debería suponer la irrupción de Anna y su hijo en la hasta el momento monótona vida de Neville apenás sí nos es planteada, en beneficio de las persecuciones y los tiroteos de rigor, que a pesar de no estar del todo mal rodados tampoco suponen ninguna maravilla, eso sin tener en cuenta las diversas incongruencias que plantean. Por si eso fuera poco, el desenlace de Soy leyenda -que no voy a desvelar- se encuentra salpicado de una esperanzadora moralina pseudoreligiosa que, más allá de ser radicalmente opuesta a la intención original de Richard Matheson, simplemente resulta insultantemente dogmática.

En definitiva, un servidor tan sólo destacaría la primera mitad de película, pues en cuanto Will Smith debe comenzar a interactuar, Soy leyenda se pierde por derroteros palomiteros que, a pesar de ser (relativamente) necesarios entoda superproducción, planteados de otro modo habrían dado pie a una película completamente distinta y, probablemente, bastante redonda.

Lo mejor, la perra Sam.

Le doy un 6 sobre 10, aunque si me pusiera a comparar la película conb la novela original, la nota descendería en picado hasta un 3’5 o 4.
Lo mejor: La primera mirad de película.
Lo peor: Los tristes vampiros Made In CGI y la moralina pseudoreligiosa final.
publicado por Oscar Martínez el 17 diciembre, 2007

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