En fin, tras los sustos y el inteligente manejo del suspense encontramos el mayor simplismo en una lamentable concentración final de clichés a todos los niveles de la narración. Desde luego, esto es para caerse de espaldas y no poder levantarse nunca

★☆☆☆☆ Pésima

Soy leyenda

Y vuelta otra vez con el tema zombi. Primero la intencionada basura de Robert Rodríguez, luego “Invasión” (que todavía no hemos visto pero nos han dicho que es muy mala), y después pudimos divertirnos con el plagio de terror realista en REC, y ahora este esquema de tintes religiosos ambientado en un contexto apocalíptico. Y es que no hay nada peor para una película que ser solo eso: un esquema.

Will Smith encarna a un científico obsesionado con su voluntad de ser el salvador de la civilización. El retrato de su soledad entre los restos de una Nueva York decrépita se convierte en la pretensión de ahondar en temas como la involución hacia la barbarie y nuestra sagrada vulnerabilidad ante la muerte de dios en un mundo de asesinos, aunque sus recursos se estancan en una expresión esquemática de dicha soledad (profundidad de campo en planos largos que aíslan al personaje central, más el efectismo de los trucos sonoros). También es verdad que la puesta en escena, ayudada por una fotografía turbia y en concordancia con el estado psicológico del protagonista, consigue a ratos captar la atención del espectador hasta crear un clima asfixiante.

Era difícil que una película que cuenta con una realización tan brillante pudiera decaer como lo hace a partir del segundo segmento, concluyendo de la forma más previsible. El retrato de la soledad se convierte en una moraleja mesiánica, conclusión que habremos visto muchas veces en relatos mucho más sugestivos que este. La digitalización de los humanos y animales infectados es un error, ya que la infografía ahoga la dimensión humana de los mismos, pareciéndose más a una manada de criaturas del averno que a humanos despojados de su alma y abocados a los abismos de la locura (ese era el mejor material para hablar del aislamiento a dos bandas y el contexto adecuado para su marcado vínculo con la ciencia ficción).

En fin, tras los sustos y el inteligente manejo del suspense encontramos el mayor simplismo en una lamentable concentración final de clichés a todos los niveles de la narración. Desde luego, esto es para caerse de espaldas y no poder levantarse nunca, oigan.
publicado por José A. Peig el 19 diciembre, 2007

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