Finales rosas, llenos de esperanza ante situaciones tan extremas son un absurdo que solamente revelan el mero interés comercial por sacar secuelas.

★★☆☆☆ Mediocre

Soy leyenda

Una vez más y por tercera vez, se lleva a la panatalla gigante la novela de ciencia ficción de Richard Matheson, con igual nombre, que se creó en 1954. En aquel entonces Matheson construyó una novela sumamente interesante, futurista en la que se imagino la terrible situación por la que pasaría el último hombre sobre la tierra en los años 70 y en los Ángeles, California gracias al exterminio de sus habitantes por un virus mortal. Virus que los convierten en una especie de vampiros o zombies.

La primera cinta que quiso llevar esta historia a la pantalla gigante en 1964 fue “El Último hombre de la Tierra” de Italia. Una película que contó con la adaptación del guión del propio Matheson, por lo cual es la que más se asemeja a la novela y la que verdaderamente explora y refleja intensamente el aspecto psicólogico del personaje central. No muy lejano a esta primera producción, en 1971, se lleva a cabo la segunda película llamada “El Último Hombre Vivo”, conocida también como “Omega Man”. Esta ha sido la versión que se aleja casi totalmente de la novela original que incomodó mucho a los seguidores del libro. Muchos la calificaron de desafortunada y poco brillante en cuanto a historia y técnica. Lo cierto es que revisándola a grandes rasgos, porque la realidad es que no resistí terminarla, esta versión es un punto de referencia para no mencionar.

Esta última versión que logró desilusionarme a tal punto de escribir sobre ella tardíamente pues la vi el día de su estreno, no puedo dejar de medirla bajo el ojo de lo que fue la primera adaptación. En Soy Leyenda hay una evolución notoria de su personaje principal y los vampiros. Ya el modo de defensa no son los espejos, las estacas y las cadenas de ajo, que se ven todo el tiempo en El Último Hombre en la Tierra, sino las armas, lo que sin duda es un acierto. Aunque la versión vampirezca creada por computador para esta versión en algunas escenas es irritante y prefiero quedarme con el último prototipo de esto seres, creada en la película “30 días de Noche”.

Soy Leyenda se centra en cómo el último hombre en tierra tras 3 años de convivencia en soledad, se ha adaptado a su entorno y pasa sus horas cazando animales, enviando comunicados haber si alguien lo escucha, ejercitándose en medio o mejor “encima” de aviones militares (je,je,je) y defendiéndose en las noches de los monstruos en los que se han convertido el resto de los humanos. Una convivencia en la que se pretende envolver al público en el aspecto psicológico del personaje a través de miradas lánguidas, la tristeza de un rostro notoriamente agotado y el uso de flashbacks moderados pero poco explicativos en comparación a la historia real, sin que se llegue a cumplir dicho objetivo realmente. A diferencia de la primera basada en la novela, no hay dilemas a ciencia cierta, no hay verdaderas situaciones de crisis, no hay temores profundos, ni llantos ni risas explosivas del último hombre en tierra que lo involucren a uno en sentimientos de emotividad profunda, reflexión y moralidad caracterísiticos de las cintas psicológicas.

A diferencia de la novela, hay una larga relación con un perro pastor alemán, llamado Abbey en la vida real, con la que pretende generar una emotividad falsa en el espectador mas que otra cosa, pero que sin refutarlo lo logró, pues la actuación de este animalito es excepcional y consigue compungir el corazón, gracias a su destino final. Sin embargo son estas innovaciones en la historia, junto a su parte final las que no me convencieron y por las que se evidencia un interés sensacionalista y comercial un tanto fastidioso.

El problema aquí no es la actuación de Will Smith, ni el deseo porque hiciera su debut su pequeña hija de 7 años, Willow Smith, pues no se cuestiona el enorme esfuerzo que realizó por construir su personaje, la disciplina que tuvo al hacerlo, que incluyó bajar alrededor de 10 kilos e intenso entrenamiento físico para verse más esbelto. De hecho, gracias a su interpretación y el enorme e indiscutible carisma que posee, la cinta no resulta peor. Tampoco recae sobre la diseñora de producción que tuvo un enorme trabajo al construir en medio de un escenario real del tamaño de una ciudad como Nueva York, calles absolutamente e increíblemente desoladas en donde la maleza y los animales salvajes son los reyes. Este es el punto que más se disfruta de la cinta, su mayor actractivo y fue un gran logro utilizar escenarios reales, que incluyen lugares donde nunca antes se habían autorizado filmar que se reflejan de buena forma, gracias a la fotografía, también hay que mencionarlo, en el producto final. Tampoco es el ritmo, que por cierto es muy bueno, ni la estructura narrativa.

Definitivamente es la adaptación del guión que se le hizo, que por momentos afloja y deja evidenciar detalles “bobos” en la historia, vacios que no se cuidaron. A este punto retomo su final del que hablaba en un principio. Un final esperanzador que refleja más un deseo por generar o dejar a la expectativa una secuela, que las ganas de ser congruentes con la crítica situación que vive un hombre al quedarse casi solo sin muchas posibilidades de subsistencia. Veo más un deseo por crear de esta historia a una “héroe" disfrazado de leyenda que nos salvó, dando como Jesús, la vida por nosotros.

Lo mejor: Will Smith, diseño producción.
Lo peor: La adaptación.
publicado por Sandra Ríos el 17 enero, 2008

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