Supondrá un fomento del amor al buen cine, ya que los incautos que caigan en sus redes, la próxima vez que oigan hablar de ella, correrán a encerrarse en la filmoteca más cercana a visionar la obra de genios como Bergman, Fellini o Kurosawa.

★☆☆☆☆ Pésima

Eragon

Sumergidos como estamos en la vorágine de las fiestas navideñas, los cines se preparan para una dura batalla para decidir qué película será la que reine en esta época vacacional. Tradicionalmente eran cintas de animación, pero eso cambió hace cinco años cuando llegaron dos de las sagas cinematográficas más importantes de los últimos años: El Señor de los Anillos y Harry Potter. Y vistos los enormes beneficios que reportó la trilogía basada en la obra de Tolkien, Fox nos trae Eragon, una nueva historia épico-fantástica con la que intenta continuar esos buenos datos de taquilla.

La película se basa en la novela de Christopher Paolini, adolescente cuando empezó a escribirla, que saltó a la palestra en el mismo año que se estrenó El Retorno del Rey. Como diría el genial Groucho Marx, qué casualidad que casualmente ocurren tantas casualidades, porque la obra de Paolini (aún inacabada, ya que falta el tercer volumen de la trilogía) es prima hermana de la magna obra de Tolkien. La historia nos lleva a Alagaësia, una tierra fantástica donde gobierna el cruel rey Galbatorix (John Malkovich). Los pocos que se le oponen encuentran su esperanza en Eragon (Edward Speleers), un joven campesino que es el elegido para ser un nuevo Jinete de Dragón, la única persona que podría retar al cruel rey. Con semejantes mimbres uno esperaría una emocionante cinta épica, aunque la realidad es decepcionante.

Decir que Eragon tiene un cariz adolescente, incluso infantil, es quedarse corto e insultar la inteligencia de los más pequeños. Que el film está destinado a los niños es evidente, por más que los productores, en una pirueta espectacular, se hayan esforzado en venderlo como una trepidante historia de fantasía y aventuras. El argumento, de una simplicidad insultante, aburrirá tanto a pequeños como a mayores, y provocará más de una retirada estratégica en mitad de la proyección. Stefan Fangmeier, antiguo técnico de la Industrial Light and Magic, ante tan monumental engorro opta por el camino más sencillo, y en vez de buscar la innovación en los aspectos visuales, se limita a copiar (muchos planos son idénticos) el trabajo de Peter Jackson en El Señor de los Anillos. Por si el suplicio fuera poco, el desconocido Edward Speleers contribuye entusiasta y notablemente a alargar la agonía de los espectadores con su insufrible interpretación. De Jeremy Irons, John Malkovich y Robert Carlyle mejor ni hablamos.

Hay que admitir que Eragon supondrá un fomento del amor al buen cine, ya que los incautos que caigan en sus redes, la próxima vez que oigan hablar de ella, correrán a encerrarse en la filmoteca más cercana a visionar la obra de genios como Bergman, Fellini o Kurosawa.
Lo mejor: El trabajo de Weta e ILM en el modelado del dragón.
Lo peor: Que aún quedan dos películas, si la taquilla lo permite.
publicado por Francisco Bellón el 16 diciembre, 2006

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