El Star Trek de J.J. Abrams es una película trepidante y emocionante pero que en el proceso ha perdido la esencia que caracterizaba a la saga

★★★☆☆ Buena

Ni en sus más delirantes sueños Gene Roddenberry fue capaz de intuir que aquella serie de televisión que había creado en 1966 como metáfora de la Guerra Fría se iba a convertir no sólo en la piedra angular de la ciencia-ficción de las siguientes cinco décadas, sino en una inspiración para varias generaciones. Con más de cuarenta años y sus mejores momentos a la espalda, esta saga de diez largometrajes y cinco series de televisión llegó a un punto crítico, en el que la premisa era sencilla: renovarse o morir.

Y ciertamente, con su muy personal Star Trek, J.J. Abrams ha conseguido insuflar nuevos bríos a una saga moribunda creando una película innovadora, trepidante, repleta de acción y con no pocos toques de humor y sensualidad. Todo ideado y hecho a medida de una audiencia adolescente que en su vida ha oído hablar del Capitán Kirk o de la nave estelar Enterprise. Y es que a diferencia de sus predecesoras, este remozado Star Trek está pensado más para el gran público (al que hay que captar de cara a las futuras secuelas y una más que probable nueva serie de televisión) que para los “trekkies” de toda la vida, a los que les dedica varios guiños a lo largo del film y que únicamente se sentirán reconfortados con la secuencia inmediatamente anterior a los créditos finales y las breves apariciones de Leonard Nimoy. Para muchos de esos aficionados, lo logrado por Abrams, dar nuevos aires a Star Trek y dotarla del atrevimiento y la fuerza del que carecían los últimos largometrajes de la serie, les parecerá un pacto con el diablo, porque en el proceso de renovación se han perdido la esencia, el espíritu y el alma de Star Trek. Aficionados que preferirán el encanto de los decorados de cartón piedra, las luces tintineantes de múltiples colores, las maquetas diminutas o la psicodelia de los años sesenta a las estilizadas formas de la remozada Enterprise, los futuristas pero asépticos interiores o las secuencias de acción inspiradas en la nueva trilogía de La Guerra de las Galaxias. Los actores cumplen en líneas generales, especialmente Bruce Greenwood, Eric Bana y Simon Pegg (cuya presencia es casi testimonial), mientras que Zachary Quinto no está a la altura ni del personaje ni de la producción.

El Star Trek de J.J. Abrams es una película trepidante y emocionante pero que en el proceso ha perdido la esencia que caracterizaba a la saga. El último ejemplo de una guerra perdida hace mucho tiempo, la de la forma frente al contenido, la del espectáculo frente al espíritu, la de los resultados de taquilla frente al alma.

Lo mejor: Su impecable producción
Lo peor: Pierde la esencia de Star Trek
publicado por Francisco Bellón el 3 mayo, 2009

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