De andar por casa, así catalogamos esta fallida incursión en el universo fantástico que pretende seguir la estela de producciones que ennoblecieron el género.

★★☆☆☆ Mediocre

Eragon

En un atisbo de sinceridad hay que indicar que su metraje no es demasiado extenso, algo que elude cualquier deseo de abandonar la sala. También es cierto que no debemos rehusar responsabilidades dejando solos a nuestros pequeños acompañados, porque sí, ellos se convierten en la única excusa a la hora de ver una película que recuerda a Dragonheart y hace grandes otras muestras de segunda categoría como Dragones y mazmorras.

Carente de emoción pero pródiga en momentos sublimes faltos de contenido, Eragon no convence porque tenemos la sensación de estar viendo algo que ya nos han contado y, además, con más sustancia y mejores formas. No sabemos muy bien qué y quién lo ha hecho, pero un déjà vu constante nos acompaña en este trabajo que se sujeta con alfileres.

Los cineastas que se estrena, y Stefen Fangmeier lo es, parecen haber confundido grandes películas con paisajes naturales imponentes, dos o tres estrellas de nombre reconocido y una trama que, da igual que sea insustancial, porque ya se realzará luego con los efectos visuales y las escenas de lucha.

23 años tiene Christopher Paolini, el autor de El Legado, una trilogía aún sin completar cuyos primeros libros han alcanzado cifras millonarias de ventas. Eragon es el volumen introductorio y, a juzgar por el desenlace de la adaptación cinematográfica, será también la primera de una serie de películas. Seguro que la legión de incondicionales que hayan leído el libro acudirán en tropel al cine: la primera vez está garantizada pero es arriesgado confiar en que sigan respaldando una apuesta estrictamente comercial y efectista.

No sabemos si el joven escritor perfila sus personajes con la misma profundidad que los guionistas encargados de llevar las palabras a imágenes: han sido necesarios 4 profesionales –así serían- para desplegar un catálogo de seres que responden a patrones estandarizados. Los roles principales no son más que esquemas al servicio de una moralina manida adornada con acción previsible en todo momento.

No lo habíamos dicho aún: que nos gustó el trabajo de Peter Jackson al frente de El Señor de los Anillos y, no es por comparar, pero cuanto daño ha hecho a los que se aventuran en el difícil género de la fantasía.
publicado por Daniel Galindo el 26 diciembre, 2006

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