Posdata: Te Quiero es el típico drama romántico, esquemático y previsible, que busca la lágrima fácil a través de un sentimentalismo burdo, evidente y bobalicón.

★★☆☆☆ Mediocre

Posdata: te quiero

En esta época, en la que se estrenan los grandes blockbusters americanos, es muy poco frecuente ver títulos representativos de los habituales géneros que pueblan las carteleras el resto del año, como las comedias románticas, los films de terror, o los dramas románticos. Mientras que en estos meses es casi imposible encontrar películas de estos géneros, el resto del año nos las encontramos hasta debajo de las piedras.

Para remediar tan hondo, flagrante y deshumanizado vacío creado por los grandes monstruos -y las aún mayores monstruosidades procedentes de Hollywood-, llega a los cines Posdata: Te Quiero. La primera pregunta que surge es si alguna vez las mentes privilegiadas, cuyo único oficio conocido es el de ser productores, habrán dilucidado que el sobreexponer al público a dramas románticos bobalicones y de lágrima fácil no podría llegar a crear el efecto contrario al deseado: que en lugar de hacer aflorar nuestro lado más sentimental, huyamos todos en desbandada como si nos persiguiera un inspector del fisco. El film de Richard LaGravenese puede considerarse un orgulloso perteneciente al género, ya que incurre en todos y cada uno de los defectos enraizados del drama -y/o comedia- romántico: una estructura tan simple como esquemática que hace fluir a una historia tan previsible como la tabla del uno. Por si tales virtudes no fueran suficientes martirio para el espectador, LaGravenese se empeña en alargar la angustia con un metraje que se antoja desmesurado -dos horas justas-, y un ritmo excesivamente pausado. Los actores se limitan a cumplir, aunque Gerard Butler supera a una Hilary Swank que parece hallarse en una temporada “entre-Oscars” (protagonizar el biopic sobre Amelia Earhart le augura, como mínimo, una tercera nominación y probablemente la estatuilla).

Posdata: Te Quiero es el típico drama romántico, esquemático y previsible, que busca la lágrima fácil a través de un sentimentalismo burdo, evidente y bobalicón. Lo dicho, un digno representante de un género que no puede aportar nada nuevo al cine.

Lo mejor: Las -breves- escenas en Irlanda
Lo peor: La película es completamente lineal y previsible
publicado por Francisco Bellón el 13 julio, 2008

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