El inteligente esfuerzo por mantener una vis cómica para narrar el duelo por un ser amado, termina derrumbándose a la par de Holly, atravesando por todos los consabidos momentos y escenas “para llorar”.

★★★☆☆ Buena

Posdata: te quiero

Leyendo la sinopsis, no queda otra más que sentir miedo por lo que vamos a ver. Sin embargo, la película comienza y vemos la habitual secuencia de discusión/reconciliación de una pareja, en este caso de Holly y Gerry. Luego los títulos, y acto seguido, la reunión en un bar para honrar la memoria de Gerry. Una urna guarda sus restos, y la pregunta obvia se contesta rápidamente: Tumor cerebral. La película avanza en esta dirección, e inteligentemente nos evita cualquier golpe bajo con respecto a la enfermedad, la agonía, y todo lo que cualquier película acentuaría por considerarlo más interesante desde el punto de vista dramático, en este caso se saltea, se ve astutamente elipsado. Holly se junta con su madre y sus amigas, y la vida sigue, sin detenerse en el dolor. Así lo proponen las cartas que Gerry comienza a acercarle a Holly desde otro lugar. Gerry insiste en que no pierda tiempo llorándolo, y emprenda un viaje para reconciliarse con esa historia de amor, y despedirse definitivamente de él. De esa forma, la propuesta sigue esa intención, acentuando los aspectos cómicos (apoyándose en este caso en la gran Lisa Kudrow), y evitando caer en lo emotivo. Ahora bien, se entiende que en un duelo se puede escapar del llanto, se puede hacer cualquier esfuerzo por seguir con la vida normal, como si la muerte no hubiese modificado nada, hasta que en algún momento, a todos les toca caer en lo inevitable. Y así como cae Holly, y se da cuenta que comienza a dejar de sentir a su marido a su lado, que en algún momento no habrá más cartas suyas, así cae la película, y el inteligente esfuerzo por mantener una vis cómica para narrar el duelo por un ser amado, termina derrumbándose a la par de Holly, atravesando por todos los consabidos momentos y escenas “para llorar”, que solo se ven compensadas por el enorme talento de Kathy Bates para gambetear estos momentos sin esquivarlos. Solo el clímax, que escapa de lo trillado “chica-reemplaza-chico-ausente-por-amigo-con-intenciones-amorosas” para ir a lo previsible, salva una segunda parte que, lamentablemente, arruina un inteligente desarrollo, acomodando su estructura al natural vaivén emocional de una Hillary Swank que, como siempre, convence y dignifica.
publicado por Leo A.Senderovsky el 21 agosto, 2008

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