Lo que podía haber sido una de las películas de vampiros más cañeras de los últimos años se ha convertido, gracias a la simplificación de sus personajes en simples monstruos, en una vulgar película de zombis inteligentes

★★☆☆☆ Mediocre

30 días de oscuridad

Espero todos sepan perdonar de antemano si excedo el tono pajillero de este comentario, que es debido sin duda a una circunstancia inusual: el de 30 días de oscuridad (2007) es el primer caso en el que veo una película basada en un cómic después de haber leído el cómic en cuestión. De todas maneras aquí va la opinión resumida: a pesar de ser una película entretenida y pasable, resulta también una decepción total y un estreno menor muy por debajo de sus posibilidades.

Al igual que su fuente producto de Steve Niles y Ben Templesmith, esta adaptación a cine cuenta con una historia muy básica y sencilla: la de un grupo de vampiros venidos de tierras lejanas a lanzarse sobre la yugular colectiva de Barrow, Alaska, un remoto pueblo cercano al círculo ártico que, en un momento específico del año, se ve sumido en una larga noche que dura un mes. Ahora los habitantes del pueblo deben unir fuerzas alrededor de su sheriff para repeler a las criaturas y asegurarse de no convertirse en comida para los no-muertos. Las carencias argumentales se compensan de la misma forma que en la original: una estética envidiable, especialmente en el caso de los chupasangres que aquí se ven como unos auténticos monstruos de fauces abiertas y expectantes ojos negros.

La mayor paradoja de 30 días de oscuridad es que, si bien resulta tener una trama tan escueta y típica como la del cómic en el que se basa, no son pocos los intentos por parte de sus creadores de dotarle de una mayor complejidad argumental, intentos que por lo general se quedan bastante pobres. No me explico de otra forma la extraña decisión de convertir al matrimonio de policías que protagonizaba el cómic (perfectamente creíble en un contexto social y geográfico como el que plantea la historia) por una pareja en pleno conflicto doméstico de separación digno de cine familiar, un vericueto que sólo tiene sentido como una tentativa bastante superficial de dar una mayor "profundidad" a sus personajes mediante la introducción de un conflicto que en la fuente original no existía y que aquí es completamente insulso y prescindible. Pero esto no es lo peor: el mayor peso argumental de los humanos ha causado una nefasta simplificación de los vampiros con respecto a lo que mostraba la obra de Steve Niles. Los chupasangres de la película de David Slade son aún más "monstruosos" y menos humanos que los del cómic, y la criminal ausencia del más interesante de ellos hace que desaparezca por completo el conflicto que la novela planteaba entre las filas de las criaturas de la noche. Para colmo, el momento en que uno de los restantes suelta la frase principal de este personaje desaparecido, dicho parlamento no tiene ningún sentido.

Sin embargo, lo curioso de las criaturas de 30 días de oscuridad es que resucitan una vertiente discursiva que constituía la base del cine de vampiros desde los tiempos de Nosferatu (1922): la idea de la amenaza animal e irracional que viene de afuera. Este detalle (presente también en el cómic) convierte la historia en toda una alegoría de xenofobia (entendiéndose en el sentido más literal de la palabra, sin excesivas cargas morales). Y de hecho, el carácter foráneo de los vampiros de David Slade no puede resaltarse más, no solamente en el hecho de que hablan un idioma diferente al humano, sino incluso en sus vestimentas típicamente eurotrash en contraste con los simples paletos boreales. Hasta el mismo personaje de Eben lo resalta en una arenga de aldeanismo que reinvidica el aislamiento como bien moral. El mismo sheriff es un personaje interesante muy alejado del prototipo de héroe, ya que sus acciones iniciales son auténticamente cobardes e incluso egoístas. Es una lástima que todos estos detalles discursivos se hayan visto reducidos por culpa de unos vampiros despojados de gran parte de su humanidad y de su atractivo como personajes, no como monstruos (1).

En fin, si bien resulta un acierto a nivel estético y en cuanto a algunos detalles muy específicos, como película ha sido una decepción bastante grande, especialmente considerando el peso de la publicidad que la ha precedido. Lo que podía haber sido una de las películas de vampiros más cañeras de los últimos años se ha convertido, gracias a la simplificación de sus personajes en simples monstruos, en una vulgar película de zombis inteligentes, con unos cuantos momentos de brutalidad que no sorprenden después de haber visto Abierto hasta el amanecer (1996). Una pena que no merece (en mi opinión, claro) más que un justo aprobadillo.

 

(1) Otra de las cosas que no me puedo creer es que la película de Slade no haya aprovechado y reproducido la que era sin duda una de las imágenes más poderosas del cómic: la de los vampiros en el horizonte mirando a Barrow con el hambre en sus rostros. Esta omisión da paso a una de las mayores carencias de la película: nunca vemos llegar a los vampiros; de repente ya están allí.

publicado por Hombre Lobo el 14 febrero, 2008

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