Junto con la conveniente casquería, los litros de sangre y los cuellos rebanados a hachazos, se aprecia la voluntad de contar una historia de una comunidad atrapada en medio de la nada, intentando sobrevivir durante un mes a un ataque contínuo.

★★★☆☆ Buena

30 días de oscuridad

Como todo en la vida, esto del cine, va por modas. Ahora los guionistas, o los jefazos, o quien sea el que manda en los despachos de las últimas plantas de las productoras, se ha fijado en las novelas gráficas y así nos están llegando todo tipo de adaptaciones. Hasta el renombrado Frank Millar ha dejado las páginas llenas de viñetas y hace sus pinitos en la dirección cinematográfica. A ver si hay suertecilla y llega el genial Superlopez a nuestras pantallas… o quizá no, que ya se sabe que hay que tener mucho cuidado con lo que se desea porque podría llegar a convertirse en realidad.

En este caso he ido a ver una adaptación de un cómic de Steve Niles llamado “30 days of night”, traducida – decentemente, por una vez – por estos lares como “30 días de oscuridad”, producida por Sam Raimi – director de la notable “Posesión infernal” y de ese horror llamado “Spiderman 3” – y dirigida por David Slade, autor de la apasionante y dura “Hard Candy” (vaya puñado de datos en un solo párrafo).

En un pueblo perdido de Alaska, los habitantes se preparan para la llegada de las 30 jornadas continuas de noche a las que se tienen que enfrentar cada año. Pero en las últimas horas de luz, empiezan a suceder sucesos extraños, destinados a que la pequeña población no pueda abandonar el pueblo. Todo empeora cuando la gente empieza a morir a manos de unos vampiros sedientos de sangre.

Se agradece que, de vez en cuando, una producción de terror sea tomada en serio, con un guión medianamente trabajado y personajes que no sean meros estereotipos o completamente desdibujados, limitándose a correr delante de los chupasangres. En el caso de “30 días de oscuridad”, junto con la conveniente casquería, los litros de sangre y los cuellos rebanados a hachazos, se aprecia la voluntad de contar una historia de una comunidad atrapada en medio de la nada, intentando sobrevivir durante un mes a un ataque continuo.

Pero un mes es mucho tiempo para mantener la tensión, por ello nos sorprende sobremanera cuando los rótulos en la pantalla van incrementando los días cuando a mí, a pesar de la creciente barba de Josh Hartnett, me parecía que la trama estaba transcurriendo en el lapso de unas cuantas horas.

Salvo ese aspecto poco logrado y algún cliché más que trillado propio del género – no puede faltar la niña diabólica que aterrorice al personal, ni el personaje heroico y medio tarado – la trama se desarrolla con la tensión adecuada, alternando los sustos, la acción pseudo-gore y la tensión contenida en una proporción equilibrada.

También se agradece que haya alguno de los vampiros con alguna expresión dramática y no sólo seres descerebrados atravesando puertas y corriendo como posesos. Es el caso del jefazo de los vampiros, interpretado por Danny Houston que compone un personaje con algo más que dientes afilados y furia incontenida – aunque no mucho más, tampoco os creáis –.

En definitiva, “30 días de oscuridad” es un buen entretenimiento para todo el que no sufra en demasía viendo un hacha abriendo brechas en diferentes partes de la anatomía en una película con un final digno de un buen cómic oscuro.

Lo mejor: Un guión que trata de tener sentido en un género bastante maltratado.
Lo peor: Las elipsis de tiempo, muy poco conseguidas.
publicado por Heitor Pan el 15 febrero, 2008

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