La mirada sobria de Eastwood, su trazo clásico, no resultando original, sí posee la transparencia suficiente como para desarrollar con versatilidad un material abrupto, como ya he indicado, salpicado de estereotipos y personajes secundarios con pocos o ningún matiz. Es la Claridad de Eastwood en la narración, su Imagen apoyada en recursos técnicos de gran calidad – como son el diseño de producción y la fotografía – la que construye una ventana hacia un mundo donde la corrupción, la esperanza y la inocencia perdida son los motivos más visibles en un conjunto muy denso, crítica mordaz y amarga a las instituciones del estado que más bien remite a teorias de la conspiración, por momentos cercana a la pesadilla Kafkiana. Quizá el impacto emocional predomina en detrimento de una construcción más equilibrada en sus diversas líneas. Pero nos quedamos con el placer de la Imagen que vigoriza temas un tanto fosilizados, el reconocimiento ante un narrador elegante.
































