Selick se apunta un gran tanto en su empeño por recuperar el prestigio que le ha sido esquivo, con una historia que podría recordar al causante de sus males. Esperemos que, esta vez, la gente empiece a recordar su nombre.

★★★★☆ Muy Buena

Henry Selick es uno de los casos de abducción de portada más claros de la historia del cine. Un tipo bajo cuya batuta se orquestó una de las más bellas, imaginativas y poderosas películas de animación del mundo del celuloide y a pesar de ello un enorme desconocido entre el público medio, fagocitado su nombre por un pequeño genio con pelos de loco y gafas imposibles.

 

La película en cuestión es “Pesadilla antes de navidad”, la joya de animación stop-motion (que no es más que la creación de animación con figuras reales que se va realizando foto a foto, con más paciencia que un santo) cuya imaginería salió de la mente de Tim Burton. La historia, el humor y los personajes tienen su estilo hasta tal punto de que se acabó vendiendo como “Pesadilla antes de navidad de Tim Burton”. Sólo los que estuvieron en el larguísimo rodaje sabrán qué parte de la genialidad se debe al oscuro Burton y qué porcentaje de magia proviene de la dirección de Selick (algo así como las dudas razonables que existen en la dirección de “El tercer hombre”, película dirigida por Carol Reed, pero con un aire “Orsonwellesco” muy evidente).

 

Después de la joya pesadillesca (en todos los sentidos), Selick se zambulló en un cuento del prolífico Roald Dahl y filmó “James y el melocotón gigante”, una película entrañable y entretenida pero desprovista de la genialidad de la anterior. Las dudas sobre su capacidad para extraer magia de su chistera de director se instalaron definitivamente en la mente de la cinefilia mundial cuando salió a la palestra su siguiente trabajo, “Monkeybone”, un insulso y fallido híbrido de animación y personajes reales protagonizado por Brendan Fraser.

 

Ocho años después de aquel último intento por conquistar a la audiencia, Selick vuelve a la senda abierta por Jack Skellington, el rey de las calabazas, con una historia oscura e hipnótica, quizá demasiado siniestra para gran parte de los niños que se atrevan a acercarse a los mundos de la resuelta y atrevida Coraline. Vuelve a esa dualidad luz-oscuridad que puebla los mundos “Burtonianos”, aunque Selick se posiciona en un extremo diametralmente opuesto. Cuando para Tim Burton la vida real es gris, aburrida y cruel y el tenebroso mundo de lo fantástico es divertido y magnético, para Selick las tornas cambian totalmente. A pesar de que el otro lado del espejo pueda parecer repleto de luminosidad y diversión, está construido con engaños y maldad y es en la cotidianeidad de una casa vieja y unos padres insulsos donde de verdad se encuentra el amor y la chispa de la vida (pequeño anzuelo para el patrocinio del blog a cargo de alguna famosa bebida de extractos).

 

De nuevo, me lío. Más de medio post y aún no he dicho de que va la peli. Solucionémoslo: Coraline es una niña que se acaba de mudar al auténtico centro de ninguna parte, a una casa vieja, grande y descuidada, rodeada por vecinos de lo más estrafalario, un chaval bastante raruno y unos padres demasiado ocupados delante de la pantalla del ordenador como para prestar atención a su revoltosa hija.

 

Pero una pequeña puerta disimulada en la pared la lleva por las noches a una dimensión paralela, en donde sus otros padres son atentos y divertidos, donde su amigo raruno es mucho menos pesado y más alegre y donde sus vecinos la colman de atenciones. Sin embargo, algo parece no cuadrar. No hay más que mirar a los ojos de sus nuevos amigos para darse cuenta que su mirada tiene algo de terrorífico.

 

Continuando la moda imperante, la película viene con el atractivo de poder disfrutarla en 3D y se nota que su planificación está orientada a hacerla muy vistosa en este sentido. Con el ajetreo de las últimas semanas, cuando llegó el momento de acudir al cine, ya no encontré ninguno en el que me dieran las gafas mágicas y me perdí el festival visual que esto podía suponer. Aún así, Selick se apunta un gran tanto en su empeño por recuperar el prestigio que le ha sido esquivo, con una historia que podría recordar al causante de sus males. Esperemos que, esta vez, la gente empiece a recordar su nombre.

publicado por Heitor Pan el 18 agosto, 2009

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