Es indudablemente una genialidad más de esta maravillosa técnica que debo advertir a mí me fascina. No obstante hay particularidades del argumento que me parecen un pilín débiles pero no por ello la desmerece ni la mancha.

★★★★☆ Muy Buena

 

Coraline, basado en un cuento de Neil Gaiman, es una película de esas cuya técnica de filmación hace venerable porque el stop motion requiere una inmensidad de paciencia y puntillosidad. Aquí Henry Selick, quien había dirigido ya el extraño mundo de Jack e increíblemente el bodrio sideral de Monkeyborne vuelve a arremeter con una historia obscura y tenebrosa, escenarios frikies y personajes perturbadores. Y con esto estoy dejando en claro que los padres deben apelar antes de meter de cabeza a sus niños en el visionado de Coraline, a su conocimiento con respecto a los gustos de sus hijos. Mi hija la vio conmigo y yo sabía que le gustaría y no obstante no perdí ojo de sus reacciones porque al menor indicio de posibles pesadillas nos íbamos.

El argumento desde la superficie nos relata la vida de una niña de 10-11 años (en la voz de Dakota Fanning) que se ha mudado recién a una especie de casa enorme y rosa donde viven otros inquilinos. Sus padres viven trabajando frente a la computadora por lo cual no le prestan mucha atención mientras trabajan. Ella se aburre y comienza a investigar la casona descubriendo una pequeña puerta que la llevará a otro universo de cosas donde por ejemplo sus padres son bondadosísimos, atentos y divertidos. Mamá (Teri Hatcher) sabe cocinar y todo. Pero hay un detallito, todos en ese universo tienen botones por ojos y quien quiera permanecer allí disfrutando de las veleidades de una vida perfecta deberá someterse a ese ritual de cocerse botones en los ojos.

El film, un deleite visual y colorido, lo que lo despega un poco de Jack estéticamente y con una banda de sonido correcta (la música aquí no tiene el protagonismo de la otra) no deja de contarnos entre líneas muchas de las cosas que nos contaron las historias infantiles de antaño que en sus orígenes fueron aterradoras y se fueron suavisando con la oralidad: recuerden que la sirenita se convierte en espuma de mar, caperucita y su abuela sucumben al lobo (el leñador aparece muuucho después) y Hansel y Gretel jamás logran volver a casa porque son devorados por la bruja. O sea que eso de alejarse de casa trae sus consecuencias y la perfección no existe. Las relaciones tienen sus pros y contras y nadie puede amarnos incondicionalmente sin exigencias de por medio. Claro, muchos dirán que esto es como hacer psicología barata pero no; el film se disfruta y se reflexiona. Muchos niños fantasean con las mismas cosas que fantasea la protagonista y los temores que se manifiestan en el hilo argumental, también.

Coraline tiene un inconveniente y es que hay ciertos agujeros en la historia que no me convencen. Son detalles que se dan por sobreentendidos pero no cierran del todo, obscuridades que no tienen que ver con el escenario o los personajes sino con la historia. Y no puedo dar ejemplos sin plantear Spoilers, cosa que odio.

Admirable esta capacidad que tiene H. Selick de transformar la visión de seres negativos en positivos, aunque bueno quizá eso está más bien en manos del autor y no del director, pero el gato negro siempre ha sido figura de desgracia y malos augurios y aquí ( en la voz de uno de los actores más remadores, Keith David) de apoco se nos va convirtiendo en merecedor de nuestra confianza y elemento clave de muchas resoluciones.

En conclusión, Coraline no es estrictamente una película infantil aunque no por ello la negaría rotundamente para ellos, a veces vemos el noticiero en su presencia y es más perturbador que este film. Es indudablemente una genialidad más de esta maravillosa técnica que debo advertir a mí me fascina. No obstante hay particularidades del argumento que me parecen un pilín débiles pero no por ello la desmerece ni la mancha.

 

Lo mejor: El colorido y banda musical.
Lo peor: Ciertos agujeros argumentales que no me convencieron.
publicado por Pabela Lake el 12 julio, 2009

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