Un cuento siniestro y terrorífico, con una trama que engancha al espectador (ya sean niños o adultos), plagada de momentos brillantes, fantasía desbordante y personajes memorables.

★★★★☆ Muy Buena

La película empieza, como tantas y tantas otras, con la mudanza de la familia protagonista a su nuevo hogar en los apartamentos Palacio Rosa. Dicha familia está formada por un matrimonio, demasiado enfrascado en su trabajo como para hacer caso a su hija, llamada Coraline, una niña de gran imaginación, que se sentirá sola en su nuevo hogar, después de haber dejado atrás a sus antiguos amigos, debido a la poca atención dispensada por sus padres. Rápidamente, no obstante, empezará a hacer nuevas amistades, entre los que encontramos a un extraño niño, que vive en el pueblo, y sus vecinos: un viejo artista de circo, el asombroso Bobinsky, al que se le ha ido un poco la cabeza, y dos ancianas, antiguas bailarinas de vodevil, amantes de los perros, que siguen recordado los felices tiempos de éxitos pasados. Pero todo va a cambiar cuando Coraline descubra que, escondido en el salón de su nueva casa, debajo del papel pintado, existe una pequeña puerta capaz de llevarla a un mundo paralelo donde todas las cosas que le disgustan han desaparecido, todo es perfecto y la actitud de sus padres hacia ella ha cambiado, solo que, en ese nuevo mundo, las personas no tienen ojos, tienen botones.

El director del cuento es Henry Selick que, aunque su nombre a priori no nos diga demasiado, lo cierto es que era el director de Pesadilla antes de navidad (no, Tim Burton no la dirigió, suya era la historia y el trabajo de producción, pero la dirección corría, en solitario, a cargo del sr. Selick, aunque no tuviera el reconocimiento que, quizás, se merecía). Después vinieron James y el melocotón Gigante (también en stop-motion) y posteriormente probó suerte con Monkeybone (que resultó ser un fiasco donde Brendan Fraser se las tenía y se las deseaba con una especie de mono tocapelotas). Ocho años después de esta última, vuelve a probar suerte con lo que, hasta la fecha, mejor se le ha dado, llevar a la gran pantalla un cuento siniestro utilizando, una vez más, la técnica del stop-motion, que tan buenos resultados le ha dado.

Y para ello se ha basado en una novela de Neil Gaiman (quien la escribió pensando en su propia hija), reconocido autor de cómics (especialmente relevante su trabajo en la serie Sandman) y cuya novela Stardust, ya se llevó recientemente a la gran pantalla.

La película engancha, y lo hace por diferentes y variados motivos. Engancha por la oscuridad que desprende la historia que nos están contando, siniestra en muchos momentos, con un terror que se va apoderando del metraje a medida que avanza la peli, llegando a una cumbre media hora final; engancha por lo bien tratado que está el stop-motion y todo el jugo que es capaz de sacar el director y su equipo de la técnica; engancha por la magia que desprende por sus cuatro costados; engancha por su desbordante imaginación, donde los jardines cobran vida, las mantis son vehículos y los escarabajos cómodos asientos, engancha por sus personajes secundarios, tan bien escogidos, personajes solitarios y amargados, anclados en unas vidas que hace muchos años que dejaron atrás, pero entrañables al fin y al cabo; engancha por la historia, que aunque en algún momento pueda recordar a Alicia en el país de las maravillas, a la hora de la verdad, funciona por si sola y te acabas olvidando de las comparaciones; y engancha porque en ningún momento deja de ser un cuento, lleno de fantasía, protagonizado por una niña capaz de salir adelante pese a las adversidades, con una moraleja final (como todo buen cuento que se precie).

Resumiendo: La peli es un cuento siniestro y terrorífico, con una trama que engancha al espectador (sean niños o adultos), plagada de momentos brillantes, fantasía desbordante y personajes memorables.

Lo mejor: Su desvordante imaginación
Lo peor: Las comparaciones son odiosas
publicado por Jefe Dreyfus el 3 junio, 2009

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