Parece que el coctail es el correcto: tenemos magia, aventuras, fantasía, la primera cinta hecha y realizada para verse en 3D por Stop motion, basada en un libro de éxito y un director que sabe lo que hace para crear personajes.

★★★☆☆ Buena

Enfrentarse a la nueva cinta de Henry Selick te coloca en una posición incómoda. Obviamente para todo fan de Pesadilla Antes de Navidad cualquier título Stop Motion se medirá por el rasero de la recreación de loS personajes que salieron de la mente de Tim Burton y que dirigió su, por entonces, mano derecha, el mismo Henry Selick.

Después de esta obra maestra siguieron James y el melocotón gigante que era ciertamente prescindible y la horrorosa incursión en el cine de “animación real” con Monkeybone, una pseudopeliculilla protagonizada por Brendan Fraser que rayaba el ridículo. Pero ahora, tras tantos años, Selick regresa con una historia tétrica, un look gótico y unos fans rabiosos por dejarse seducir.

Coraline es una niña inquieta y sus padres se mudan a un pequeño pueblo. Absorbidos por sus obligaciones la desatienden y no acceden a sus súplicas por atención lo que le lleva a recrearse en un su propio mundo de juegos. La nueva casa está llena de posibilidades pero tras conocer a sus nuevos vecinos: un adiestrador de ratones y unas coristas inglesas con cierta obsesión por los perros se tiene que conformar con Wybie, un chico hiperactivo que ni siquiera le cae del todo bien. Pero todo cambia cuando una noche en el cuarto de estar de su casa una puerta le lleva a otro mundo, un mundo exactamente igual al suyo pero mejorado, donde su madre y su padre se desviven por ella e incluso Wybie le cae mejor. Cada noche se reunirá con sus habitantes que la acogerán con carantoñas y mimos mirándola con sus fríos y muertos ojos de botones. Pronto Coraline tendrá que decidir qué mundo le gusta más. Para siempre.

Parece que el coctail es el correcto y que bien mezclado puede funcionar: tenemos magia, aventuras, fantasía, la primera cinta hecha y realizada para verse en 3D por Stop motion, basada en un libro de éxito y un director que sabe lo que hace para crear personajes que dan miedo en la justa medida. Sin embargo hay algo en el engranaje que o me acaba de convencer. Llámenme perfeccionista o simplemente tiquismiquis pero en toda esta orquestada mezcla parece que falta lo que tenía de mágico Pesadilla: fluidez.

En esta ocasión no hay canciones de por medio, cosa que muchos agradecerán, pero la banda sonora es impecable. Y se sustituye estos momentos musicales con un guión trenzado y en capas que a cada segundo pondrán nuevos retos a Coraline en una yincana inmensa que dilata la película más de lo recomendable.

Pero sobretodo los personajes brillantemente conseguidos resultan anacrónicos en una cinta de animación con público infantil. Dan miedo. Mucho miedo. Tanto que en el cine los más pequeños suplicarán a sus padres salir de la sala o en su defecto se enfrentarán con pesadillas durante semanas.

A pesar de ello y si el look no impresiona a los espectadores la cinta tiene muchos puntos positivos lanzando mensajes desalentadores sobre la sociedad actual: el egoísmo de los adultos, la poca atención a los niños, la perdida de la inocencia, la necesidad de amor, la importancia de la imaginación, … todo ello tiene cabida en Los Mundos de Coraline: una aventura que vuelve a hacernos soñar con lo que puede idear Selick.



Lo mejor: Encontrar un estilo tétrico en una cinta “infantil” y reencontrarse con la esencia Selick.
Lo peor: El cuerpo demasiado enmarañado de la película que funciona mejor en la novela que sobe la pantalla. Y el pánico que pueda causar en los menores de 7 años.
publicado por Ana Belén Pacheco el 27 mayo, 2009

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