Una fantasía siniestra en la línea de Alicia en el país de las maravillas

★★★★☆ Muy Buena

Hoy dia, y sobretodo después de “Pesadilla antes de Navidad”, cuando se menciona la técnica de animación stop-motion, en seguida se nos vienen a la cabeza películas destinadas a un público más o menos infantil con muñecos parlantes y cantantes saltando y corriendo en un escenario de cartón piedra. Sin embargo, si rastreamos en los inicios de la stop-motion nos sorprenderemos al comprobar que dicha técnica se utilizó por primera vez a principios del siglo XX en la película "The haunted hotel" y que dicha forma de animar es la misma con la que Ray Harrihausen dio vida a King Kong y, con algunas variaciones (go-motion), también la misma que sirvió a George Lucas para animar algunas de sus criaturas en "El retorno del Jedi".
Así pues, se pueden decir muchas cosas de la stop-motion menos que se trate de algo anticuado. Sencillamente es una forma alternativa de realizar animación y, en definitiva, una elección artística que puede ser la más idónea dependiendo de qué tipo de película tengan sus responsables en mente o que sensaciones deseen transmitir a los espectadores potenciales de la misma.

La stop-motion, por su natualeza discreta o discontínua (el movimiento de los personajes está construido a partir de pequeñas variaciones en la posición de cada una de sus partes) tiene sin duda algo de expresionista. De la misma manera que los actores del famoso movimiento de vanguardia alemán recurrían a contorsiones y gesticulaciones bruscas para moverse y desplazarse por la escena rompiendo la continuidad natural del movimiento humano para trasladar inquietud al espectador, los muñecos de la stop- motion parecen también estar poseídos por un cierto espíritu siniestro que los desconecta de alguna forma de lo que entendemos por realidad.
Es por esto, principalmente, que la stop-motion se convierte en el vehículo ideal para explicar historias ambientadas en lugares tétricos o que contienen personajes desequilibrados o enfermizos. Si echamos un ojo a los últimos largometrajes realizados con esta técnica, todos ellos a cargo de Henry Selick, “Pesadilla antes de navidad”, “James y el melocotón gigante” y la más reciente “Los mundos de Coraline” no tardaremos en comprobar que todos ellos tienen como fuente de inspiración la obra de unos autores muy dados a esta tenebrosidad de la que hablaba antes. En el primero de los casos es el bizarro Tim Burton quién aportó la idea, la historia y casi todo el diseño de personajes. En el segundo nos topamos con Roald Dahl, autor de no pocos cuentos “infantiles” en los que no se escatiman circunstancias y personajes horribles ("Las brujas", "Matilda", "Charlie y la fábrica de chocolate" …). Y para el tercero nada menos que la pluma de Neil Gaiman, a quien se le suele comparar siempre con Clive Barker y que es el conocido autor de la saga de cómics “Sandman” y de la premiada novela “American gods”.

Los mundos de Coraline explica la historia de una jovencita que, como muchas otras, siente que sus padres no le prestan la atención debida al encontrarse demasiado pendientes de su trabajo. Sin embargo su vida dará un giro de cualitativo cuando, al mudarse con su familia a una casa de apartamentos en el campo, descubra una puerta secreta que la lleva a una dimensión paralela en la cual sus padres son extremadamente atentos con ella, sus vecinos son artistas fabulosos y ella misma puede realizar cualquier fantasía que se le ocurra. El único problema, por supuesto, es que ese mundo alternativo es en realidad un reflejo deformado del real y esconde un siniestro secreto que ella misma anticipa el primer día que lo visita al contemplar que todos los que viven en él carecen de ojos y tienen, en su lugar, botones cosidos en las cuencas oculares. Un detalle sin importancia al principio, según cree, pero al que tarde o temprano tendrá que enfrentarse.

Con una historia como esta sería absurdo pensar que nos encontramos ante una película para niños. Se que hay críticos que no están de acuerdo a la hora de utilizar esta terminología (“para niños”) ya que no consideran que las películas sean para un grupo de espectadores concretos o para otro. Es cierto, pero lo que no se puede negar es que cuando un productor plantea una película tiene en mente un público potencial y se intenta colmar las expectativas de ese tipo de público principalmente durante la realización.
En Los mundos de Coraline, como suele suceder muchas veces, es posible que el formato (son muñecos, al fin y al cabo) invite a muchos padres a llevar a sus hijos al cine. Me parece buena idea siempre y cuando tengan ya algunos añitos. La siniestra idea que se esconde en la trama principal de esta película así como el diseño de ciertos personajes creo que pueden incomodar a algunos niños pequeños que, seguramente, podrán disfrutarla cuando tengan la edad adecuada. ¿Cuál es? No lo se. Que lo juzgue cada padre en función de sus hijos.

Recomendaciones paternales aparte considero que Los mundos de Coraline es la mejor película que se ha rodado en stop-motion desde Pesadilla antes de navidad y una de las mejores películas que he visto este año. ¿Por qué? Porque a pesar del aspecto caricaturesco del diseño físico de los personajes, todos ellos resultan creíbles y poseen interés por si solos. Porque en apenas dos o tres escenarios se desarrolla toda la historia sin que por ello se tenga en ningún momento la sensación de bajo presupuesto o de escasa ambición y sí más bien la de una cierta claustrofobia que encaja perfectamente con el ambiente y la historia. Porque desde que ves los créditos sabes que lo que te espera por delante te va a recordar a los tiempos en que no querías dormir con el armario ropero abierto. Porque la banda sonora es una delicia. Y por sus obvias similitudes con las historias de Alicia (Alicia en el pais de las maravillas y A través del espejo) que están presentes en todo momento con esa pequeña puertecita, el gato negro que actúa de forma similar al de Chesire, el espejo atravesable,… convirtiendo esta delicia de cuento en una versión siniestra de aquél que tan solo podría ser superada si algún dia se llegara a plasmar en cine la bizarra imaginación con que American McGee diseñó el contenido del videojuego Alice. Hasta entonces y, asumiendo que Tim Burton no nos sorprenderá demasiado con su inminente versión del cuento clásico, Los mundos de Coraline es una cita a la que no debemos faltar. Y si puedes verla en 3D, mejor que mejor.
Lo mejor: Que unos simples botones consigan dar tan mal rollo
Lo peor: Que tengamos que esperar tanto para recibir una cinta de animación de estas características
publicado por Javier Paez el 7 junio, 2009

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