Déjame entrar destroza el mito de la sociedad del bienestar con pequeños detalles, sutilezas manchadas de desamor, soledad, suicidio, alcoholismo, tristeza eterna y amargura bajo un frío que hiela el alma.

★★★★★ Excelente

Déjame entrar

AMOR EN TIEMPOS DE CÓLERA

¿Cómo acercarse a una obra maestra del cine?

Igual Coppola tiene la receta: El Padrino, El Padrino 2, Apocalipsis now, La ley de la calle, El Padrino 3 y Drácula de Bram Stoker.

Igual algunas frases de su magistral film de vampiros ayudan a sentirla así.

 

A una gélida ciudad sueca donde la nieve reina día y noche llegan unos vecinos nuevos que atraen la atención del pequeño y solitario Oskar, quien pronto descubrirá la verdadera esencia de la amistad y del amor.

 "Bienvenido a mi morada. Entre libremente, por su propia voluntad, y deje parte de la felicidad que trae". 

La falacia de la sociedad perfecta es sólo eso, una farsa. No hay sociedad intachable porque en ella vive el hombre, capaz de cualquier borrón.

Déjame entrar destroza el mito de la sociedad del bienestar con pequeños detalles, sutilezas manchadas de desamor, soledad, suicidio, alcoholismo, tristeza eterna y amargura bajo un frío que hiela el alma. Indicios de amores imposibles o invisibles que huyen del qué dirán porque una sociedad perfecta no sabe vivir sin su dosis de hipocresía: homosexualidad, lesbianismo, impotencia sexual y pedofilia no como crimen sino como disimulo.

 

"He cruzado océanos de tiempo para encontrarte".

 

En Déjame entrar la amargura no descansa. El ritmo de la película es lánguido como los sentimientos de los protagonistas de una aflicción inusual. Los dos niños se sienten hundidos en la vida y en la muerte por las circunstancias de su complicada infancia. Oskar vive atrapado en su mundo imaginario donde ensaya cómo matar a los chicos del colegio que le hacen la vida imposible mientras su madre sólo grita a su padre por teléfono después de haberse divorciado. Eli, la vecina, no ensaya, actúa y mata del hambre que tiene y ser asesina por pura supervivencia es duro para una niña de doce años.

Oskar y Eli están condenados a entenderse y complementar deseos, el de la amistad, el del amor – ¿homosexual? ¿Eli es niña o niño? – y el de la venganza en el soberbio clímax final.

La tristeza de los niños, del miedica y del vampiro se contagia al mundo de los adultos. En un mundo triste y desencantado donde nadie parece amar de veras – ganándose la empatía del que reconoce esa verdad y del que la oculta – surge el amor por pura necesidad. Amor que acabará muriendo como todos, pero que en su arranque eriza la piel en primerísimo primer plano con la primera caricia, el primer beso o la primera vez que duermen juntos y sus cuerpos se rozan.

La puesta en escena magistral de Tomas Alfredson colma sensaciones y revela poesía, no carga las tintas con sangre en vacíos slashers circenses porque el sadismo y el terror no parten de los colmillos ni de sustos chirriantes sino de la incomunicación, de los silencios y de la soledad que crea sombras de hombres.

 

"Te amo demasiado para condenarte".

 

En Déjame entrar se llora amores perdidos o finiquitados. El amor de un viejo que en algún tiempo pasado también fue joven y el de una niña vampiro que se enamoró de él hasta que triunfó la indiferencia. En los restos de su gran amor sólo queda pedofilia.

Tras la muerte de ese amor machucho – al viejo, perdida su habilidad, sólo le queda traficar con sangre para amamantar a su amada, cruel metáfora de la finalización del amor –  brota el germen de otro nuevo y portentoso, el de la niña Peter Pan incapaz de crecer y el del niño cobardica que ya no quiere ser niño; de la pederastia a la infantofilia que no es tan monstruo moral.

El guión es inconmensurable y destroza el alma con la sensibilidad propia del que ha amado y desamado:

1) Eli se come los dulces que le ofrece Oskar – sabiendo el espectador por ironía dramática que no puede comerlos, lo que multiplica emociones – y lo hace sólo porque él se los ha dado, ¿hay manera más bonita de contar lo que es el amor?, luego Eli los vomita y él dándose cuenta del sacrificio la abraza. Soberbio.

2) Oskar quiere hacer un pacto de sangre con Eli y se hace un corte en la mano que les una. A Eli hambrienta de sangre le rugen las tripas y Oskar descubre quién es ella en realidad. Pero el amor no se pacta con apretones arquetípicos sino con un beso eterno y maravilloso, el primer beso, el que siempre se recuerda, y que surge con los labios rebosantes de sangre tras haberle salvado él la vida y ella haber saciado su sed.

Pues eso, una obra maestra absoluta.

Lo mejor: Todo. Es la mejor película del género en muchísimo tiempo.
Lo peor: Los prejuicios por ser sueca.
publicado por Francisco Menchón el 31 marzo, 2009

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