daba la impresión de que cualquiera que intentara realizar otro largometraje de colmillos y sangre acabaría obteniendo un subproducto de serie B, en el mejor de los casos, o una comedia en el peor. Sin embargo el director sueco ha hecho acopio de alg

★★★☆☆ Buena

Déjame entrar

¿Es peor la realidad que la ficción?¿Qué le preocupa más a un niño de 12 años, sus asuntos cotidianos: enfrentarse a sus miedos en el colegio, día tras día; o participar de una fantasía, auque ésta sea terrorífica? Tomas Alfredson intenta responder a estas cuestiones con su última película: Déjame Entrar.

Y lo hace de una manera muy simple. Uniendo dos historias y comparando. Para ello se sirve de la novela y el guión de John Ajvide Lindqvist. Una trama que tiene como protagonistas a una pareja de niños que viven en la Suecia de los fríos años setenta: uno sufre maltratos psicológicos y físicos en la escuela (lo siento, no me gusta nada la palabra Bulling); la otra es nueva en el barrio, con poderes sobrenaturales, que no se acuerda del frío y se alimenta de sangre. El director coloca como personaje principal al primero, Oskar, un niño medio autista que se resiste a confiar sus problemas a sus padres, recién separados, y que encuentra en su nueva vecina la compañía que le falta. Es decir, el único que puede llevar a cabo este experimento con esperanzas de éxito.

Alfredson, además, utiliza una cinta de género, con un tema muy manido, para resolver la situación de una forma muy original. Parecía que todo estaba ya inventado en cuanto al vampirismo se refiere. Y lo que es peor: daba la impresión de que cualquiera que intentara realizar otro largometraje de colmillos y sangre acabaría obteniendo un subproducto de serie B, en el mejor de los casos, o una comedia en el peor. Sin embargo el director sueco ha hecho acopio de algunas buenas decisiones para no caer en el error.



Entre ellas contar la historia con primeros planos, y planos detalle, donde el foco y la profundidad de campo toman protagonismo, para conseguir estrechar las relaciones, dos a dos, entre los distintos personajes. Los planos generales los reserva para algunas secuencias cruentas que, gracias a la lejanía del objetivo, hacen que el filme sea lo suficientemente soportable para disfrutar de la historia. Y es que la cinta parece más cercana al buen cine de Michael Haneke (¿tiene alguna película mala este director?) que, por ejemplo, a la exhibición gore de Wes Craven (¿tiene alguna buena?). Además, el buen criterio de Alfredson tiene un efecto secundario: el ahorro de efectos especiales. Lo que agradecemos especialmente aquellos que hoy en día buscamos películas sin “trampas”; o al menos que no tengan muchas.

Pero que no se preocupen los amantes del género, porque el realizador ha sabido mantener (sin abusar) una buena dosis de los tópicos que hicieron famosas a películas como Drácula –hasta incluye alguno no tan común como el que se refiere al título-; y un final espectacular seguido de un sorprendente plano que deja la trama abierta a que se repitan los hechos en un tiempo futuro. Haciendo cuentas coincidiría más o menos con nuestros días.
publicado por Ethan el 18 mayo, 2009

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