Reduce el alma de Beowulf a un popurrí de plagios visuales en el que no existe el cineasta, sino la producción y la idea prefabricada.

★★☆☆☆ Mediocre

Beowulf

En una traslación desde el lenguaje literario hasta el del cine, y más concretamente en un género motivado por leyes del entretenimiento que en nuestros días derivan de un modelo que pretende recuperar el sentido épico de la aventura legendaria, de la espada y brujería, el aspecto de mayor relevancia es el estilo creado- o por crear – con el que la leyenda escrita puede tener una expresión fílmica significativa.

Sea porque el texto original no posee los suficientes atributos, sea porque la adaptación carece de soltura e ímpetu imaginativo, lo cierto es que el Beowulf de Robert Zemeckis muestra una textura tibia e impersonal, un puro aparato tecnológico de dudosa utilidad. ¿Para qué queremos digitalizar a los personajes humanos si dicha técnica no supera – ni tampoco iguala – la expresividad del actor real?. Si los personajes – ya desde la misma base conceptual – están condenados a ser clichés predeterminados en todos sus actos y palabras, utilizarlos como excusa tecnológica es banalizar el producto desde la superficie hasta la potencial profundidad.

A efectos dramáticos, los primeros cincuenta minutos contienen los elementos de interés y el grueso de la intensidad épica, mientras que el tramo final se reduce a un circo digital protagonizado por el dragón y el Rey crepuscular, hacia una conclusión lógica y sutilmente plasmada en el último juego de plano-contraplano. Esto demuestra que estamos ante una correcta película de entretenimiento , pero que no aprovecha su propio marco para elevar la intensidad dramática imprescindible en este tipo de cine, el final como apoteosis de caracteres míticos.

Gran trabajo, eso sí, en fotografía y diseño artístico, fabricando un entorno de leyenda en el que podemos vislumbrar una superflua pincelada (a menudo con detalles mal explicados) sobre el error, la mentira, y la maldición que persigue al linaje real, con la promiscuidad sexual como tema de fondo, y la lucha contra el mito que aprisiona la mente de Beowulf . Lástima que la visualización de Zemeckis se reduzca a una producción de pura industria, con paisajes, planos, picados y progresiones aéreas sacadas de la trilogía anillar de Peter Jackson, 300, o la hexalogía galáctica de George Lucas. Es decir, reducir el alma de Beowulf a un popurrí de plagios visuales en el que no existe el cineasta, sino la producción y la idea prefabricada.
publicado por José A. Peig el 25 noviembre, 2007

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