Expone la brutalidad sin matices ni valoraciones eufemísticas, lo que hace de ella una película desgarradora tanto en su temática como en la puesta en escena, especialmente por causa de la magnífica fotografía que recoge toda la pulsión infernal de l

★★★★☆ Muy Buena

John Rambo

Sylvester Stallone ha hecho su pequeña y personal obra maestra sin reparar en sensibilidades ni en los prejuicios existentes en torno a su personaje. Ha elegido una expresión cercana al denominado cine “gore” (splatter) para impresionar al público con una de las mejores representaciones del horror bélico que hemos podido ver en años recientes (jugando en exceso con los efectismos y la desmesura, todo sea dicho) , con lo cual reafirma esa idea de brutalidad que caracteriza al mito, y desde ahí elimina cualquier tipo de soflama apologética. Un guión sucinto – muchos incautos confundirán lo simple con lo sencillo, qué le vamos a hacer – centrado en la esencialidad del personaje y de la violencia que lo rodea. Patria, derechos, justicia, venganza, lealtad…Palabras prácticamente inexistentes en el guión, y que aparecen en la mente del espectador como conceptos (prejuicios) que se desprenden de lo sugerido en las Imágenes que nos hablan del guerrero fundamentalmente. Pero el porqué del guerrero no tiene respuesta. El guerrero sencillamente actúa en función de su naturaleza – de la que no puede escapar-, y la violencia es un hecho consumado ante el cual solo queda reaccionar o morir.

A causa de ello, en principio, la película de Sylvester Stallone es un producto tramposo porque ni siquiera se atreve a plantear un debate sobre la necesidad – o no – de utilizar la violencia. Las situaciones que se exponen no dejan otra alternativa que la de hacer uso de la violencia o morir, no hay posible disyuntiva y en consecuencia la violencia de Rambo queda justificada per se. En su aparente simplismo hallamos la ausencia de apologías. Y ese entorno de violencia inevitable es el idóneo para situar al guerrero que nunca mata por un país ni en nombre de una ideología, sino -como textualmente queda dicho en la película – por sí mismo y motivado en un imperativo moral que lo empuja a dar rienda suelta a su salvajismo en defensa del oprimido. En este caso, un grupo de misioneros (pacifistas bienintencionados pero ignorantes de la realidad de la guerra) , y en particular la protagonista femenina que representa el idealismo de la acción frente a la opresión, y su esperanzado discurso termina provocando la disimulada empatía en John Rambo, cuya introversión y carácter taciturno hacen que nos siga pareciendo inexpresivo, aun cuando siempre se ha definido por sus silencios…

En cuanto a la realización, algunas secuencias de acción filmadas cámara en mano no tienen nada que envidiar a los momentos más efectistas e impresionantes de Saving Private Ryan (je, si es obra de Spielberg es cine hiper-realista, si es obra de Stallone…hasta dicen que es una mala película), si bien en ocasiones también recuerda al pésimo Paul Greengrass. En todo caso, aquí el estilo documental resulta en un continuo de espacio y tiempo que cumple dos funciones: la recreación (con muy pocos altibajos) de una avorágine de la violencia mediante electrizantes, poderosísimas secuencias cargadas de intensidad dramática en las que el espectador reconoce a la víctima y al verdugo, con lo cual puede sentirse identificado con la víctima sin que haya necesidad de elaborar personajes más desarrollados (y volvemos a subrayar las virtudes de un guión centrado en lo esencial. Lo importante es que el espectador entienda la situación en un implacable despliegue de violencia destinado a culminar en noventa minutos). Y por otro lado, la integración del personaje-icono en la realidad de los acontecimientos. El prólogo documental que nos muestra las imágenes del conflicto en Birmania anuncia e introduce al espectador en el infierno del que John Rambo es pieza determinante en su resolución.

En cuanto al supuesto maniqueísmo en la caracterización de personajes, volvemos a lo anterior. Teniendo en cuenta el tipo de situaciones que se exponen en la película (situaciones pensadas en función de una intención o finalidad narrativa) – con la ineludible división en víctimas y verdugos – hablar de maniqueísmo esta fuera de lugar. Maniqueísmo es la simplificación de la dimensión humana enfrentada a la consecución de algún fin político, moral o estético, apoyando o rechazando un fin u otro mediante la dicotomía entre “buenos” y “malos”. Pero John Rambo es una historia completamente visceral; sobre alimañas que descuartizan a sus víctimas en un filme de acción pura y dura.

Vivir por nada o morir por algo. Siguiendo con la esencia del icono, el misticismo ancestral del héroe, y su mejor expresión, los golpes sobre el hierro incandescente, mientras el guerrero reafirma su naturaleza por encima de cualquier patria o individuo. Ante la abulia de la vida de un perdedor, la lucha por los que todavía creen en algo. Tras la matanza definitiva, unos escasos planos al ralentí subrayan la conexión entre Rambo y la protagonista femenina, ese desolador cruce de miradas que confirma la visión del guerrero que tiene al infierno como verdadero hogar .

El final evoca el inicio de First Blood, cerrando el círculo. Ha cumplido con su destino, el héroe va en busca de sus orígenes. Suenan los primeros acordes del score original de Jerry Goldsmith, y el espectador que haya comprendido la belleza que esconde este infravalorado personaje(desde estas páginas hemos intentado arrojar algo de luz en los últimos días, esperamos que todo no sea en vano) sentirá el nudo en la garganta viendo al solitario, por primera vez, caminar hacia un lugar predeterminado.

Película, en definitiva, mucho más atonal de lo que parece. Es como decir: para sobrevivir tendrás que cometer estas salvajadas cuando estes en zona de guerra, o si la guerra llega a la puerta de tu casa. Expone la brutalidad sin matices ni valoraciones eufemísticas, lo que hace de ella una película desgarradora tanto en su temática como en la puesta en escena, especialmente por causa de la magnífica fotografía que recoge toda la pulsión infernal de la selva birmana.
publicado por José A. Peig el 3 febrero, 2008

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