Si verdaderamente lleváis el espíritu de la diversión sin complejos en la sangre, ved esta película.

★★★★☆ Muy Buena

John Rambo

Como ya hiciera el año pasado con Rocky Balboa, Sly Stallone vuelve a las pantallas para resucitar y finiquitar a su otro gran antihéroe: John Rambo. En esta cuarta entrega, en la que, a diferencia de la de Balboa, se ha desentendido el estudio que la vio nacer, John Rambo vuelve a repartir leña sin piedad. Pasen y vean.

John Rambo, el ex-boina verde con una ajetreada vida marcada por la guerra, vive ahora una solitaria y apacible existencia en la jungla del norte de Tailandia, pescando y cazando cobras para luego venderlas. Todo cambia cuando un grupo de misioneros católicos necesita que les guíe hasta la frontera con Birmania para suministrar medicinas y alimentos a unos refugiados asediados por el ejército birmano, que ha hecho de las torturas y los asesinatos algo habitual. Rambo no tendrá más remedio que volver a involucrarse. Se verá obligado a hacer lo que mejor sabe, porque a pesar suyo lleva la guerra en la sangre…

Con un cierto tufillo a película de serie B/Z, el filme, de argumento conocido aunque evitado, se adentra en la supuesta vida interior que vive Rambo en Birmania, mostrandonos un ser apacible, tranquilo y poseedor de una vida ideal, lejos del tormento de la guerra. Pero su nueva misión, caída del cielo (nunca, mejor dicho), será el detonante de un festín de lo bizarro, de la víscera gratuita, de la explosión por doquier y de la cercenación innecesaria que tanto nos gusta.

El término splatter no aparecía en cine desde hace tiempo. Y creo que en cine comercial ha habido contados ejemplos; por suerte, este es uno de ellos. Vísceras, casquería y borbotones de sangre que harán la delicia de todo espectador aficionado al género, al color rojo o al visionado de muertes en directo. Un divertimento visual de los que pocos ha habido últimamente.

El verdadero interés de esta cinta, más allá de lo que eruditos de la historia cinematográfica quieran otrogarle, reside puramente en el divertimento de su visionado. Nadie espere ver grandes interpretaciones, meticulosos guiones formados a partir de historias cruzadas con resolución sorpresa, Rambo es, y lo ha sido siempre aunque haya habido intentos por cambiarlo, un gran ejemplo de película de acción sin concesiones ni pretensión: disparos, golpes, muertes, sangre y de fondo, algún conflicto bélico al que poner en evidencia.

No quiero terminar esta reseña sin hacer mención al alma máter de este proyecto: Sylvester Stallone. Con un físico que más que impresionar, directamente asusta, el sexagenario actor se enfunda su traje de guerra, y se dispone a sudar la camiseta matando sin piedad a todo bicho viviente que se le ponga por delante. Verdadero mérito el que tiene, a sus 62 años, que haya sido capaz de encarnar a un boxeador en activo y un soldado en plena acción sin haber desfallecido en el intento.

Así que ya sabéis, amigos, si tenéis ganas de pasarlo bien, de jalear en el cine, de echar unas risas, y además, ver el regreso de un auténtico mito, reunid un buen grupo de amigos, comprad toneladas de palomitas y litros de refresco y agenciaos un buen sitio para ver John Rambo en vuestra sala más cercana. Si verdaderamente lleváis el espíritu de la diversión sin complejos en la sangre, me lo agradeceréis.

Lo mejor: Su mera existencia
Lo peor: Que haya gente que se quede en la superficie
publicado por Pablo López el 29 agosto, 2008

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