Una producción pobre, carente por completo de un argumento sólido, y solo enriquecida por buenos efectos especiales, y algunos momentos graciosamente fascistoides.

★★☆☆☆ Mediocre

John Rambo

Para aquellos que defenestran al pobre Sly, no hay que olvidar que no es lo mismo Rocky que Rambo. Rocky nace a mediados de los setenta (antes de la “era Reagan”), y gana el Oscar mostrando a un joven humilde italoamericano, que desafía a Apollo Creed, campeón mundial de box. Histórica es la escena del entrenamiento “casero” de Rocky, escena que se repetiría a lo largo de la saga. Rocky pierde sobre el final, y poco importa, pero eso definitivamente no se repetiría en las entregas siguientes. La primera entrega de Rambo, titulada First blood, muestra a un desquiciado y solitario ex combatiente de Vietnam, que vive huyendo de la policía, mientras revive las tortuosas imágenes de la guerra. Rocky y Rambo nacen como otra cosa, y mutan en sus respectivas secuelas. Rocky cambia poco, sigue siendo el mismo, solo que empieza a ganar, y termina erigiéndose como una metáfora del triunfalismo reaganiano (recuerden la escena de Rocky IV, con James Brown interpretando “Living in America”, previo a la pelea entre Rocky y el ruso Ivan Drago, “una máquina de matar engendrada por el comunismo”, quien se atrevió a asesinar en el ring al pobre de Apollo Creed). Rambo muta deliberadamente, deja de ser un loco perseguido y pasa a ser una máquina de matar, una suerte de Ivan Drago al servicio del gobierno americano, sin ring de por medio. Rambo no es metáfora, es discurso programado.

Entonces, ¿qué necesidad había de resucitarlo? ¿Qué nos puede ofrecer Rambo en la actualidad? Si con Rocky Balboa, Stallone conseguía cerrar coherentemente la saga con mayores méritos que Rocky V, la olvidada anterior entrega; la última de Rambo (simétricamente titulada John Rambo) lo presenta al comienzo de la misma forma que en Rocky Balboa, como un hombre retirado que debe volver al ruedo. La simetría termina allí. John Rambo es una producción pobre, carente por completo de un argumento sólido, y solo enriquecida por buenos efectos especiales, y algunos momentos graciosamente fascistoides. Rambo, con sus años y su botox a cuestas, puede matar a cualquier enemigo que se le presente con suma facilidad, pero le cuesta articular palabra. Ni que hablar de exponer algo del discurso de las anteriores. De ellas solo quedan las escenas de violencia, y algunos manierismos propios del personaje, no mucho más. Sólo la escena final (escena similar al comienzo de la primera de la serie), hace algo de honor a las entregas anteriores. Rocky Balboa y John Rambo no son lo mismo. Algo que Stallone, veinticinco años después, parece haber olvidado por completo. Una lástima.

publicado por Leo A.Senderovsky el 24 junio, 2008

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