Peliculón de acción, violenta, explícita, brutal y sangrienta. Una clásico exponente de la vieja escuela de género que no defrauda en ningún momento. Tal vez no apta para gente sensible pero, sin dudas, un broche de oro para una saga legendaria.

★★★★☆ Muy Buena

John Rambo

Ya lo aclaré en ocasión del estreno de “Rocky Balboa”, y lo reitero ahora para que quede claro: Sylvester Stallone es uno de mis héroes de la adolescencia, y por mas que la “crítica seria” lo destroce cada vez que puede con sus frases intelectualoides y sus caras de culo fruncido, a mi sus películas me gustaron, me gustan y me seguirán gustando.

Podrán decir lo que quieran del tipo pero, les guste o no, deberán aceptar que fue uno de los que les abrió la puerta y les enseñó como se hace una verdadera película de acción a muchos pichis que vinieron después a tratar de hacer lo mismo y no lo lograron ni por asomo.

Sin ir mas lejos, luego de ver esta película, incluir en este género a cosas como la reciente “Hitman” sería casi un chiste de mal gusto.
Stallone vuelve para mostrarle a las nuevas generaciones de héroes edulcorados que hoy intentan ocupar la pantalla que todavía les falta tomar mucha sopa, y se los enseña de una manera espectacular.

Dicho esto, y pasando directamente a esta última entrega, no puedo menos que arrancar diciendo que es un tanque de acción violenta como hace rato no veía.
Ya desde los primeros minutos de proyección, la crudeza de las imágenes (quizás no aptas para corazones sensibles) es abrumadora, y mucho mas si se tiene en cuenta que no fueron representaciones actuadas, sino imágenes reales de situaciones reales tomadas de diversos medios periodísticos, con lo cual se logra de inmediato poner al espectador en situación y, de alguna manera, casi inconscientemente, involucrarlo en todo lo que vendrá después.
En cuanto a la trama, la historia nos presenta a un John Rambo ya retirado de la vida bélica, viviendo una vida pacífica y solitaria (por no decir aburridísima) en algún lugar de la húmeda jungla Tailandesa.



Casi convertido en un ermitaño, subsiste capturando serpientes que luego vende y manejando un bote medio zaparrastroso. También de tanto en tanto te corta el pasto, poda los cercos y si le tirás unos mangos mas, te riega las plantas.
Su vida hubiera seguido así de monótona (y la película hubiera sido un fracaso) de no ser porque un día le caen al rancho un grupo de misioneros católicos necesitando a alguien que les haga la gamba y los alcance hasta la frontera con Birmania para llevarle remedios, comida, ropa, útiles escolares, dvds, bronceador y demás cosas a la gente pobre de ahí.

“Ni en pedo. Por allá es todo un quilombo” – fue la respuesta de Rambo – “Mejor vuelvansén para su casa” (No hablaba muy bien pobre).
“¡Uh que mala onda tiene el gordo este, me cago en Dios!” dice exaltado uno de los miembros del grupo, por lo que es inmediatamente reprimido por los otros que enseguida lo rodean en cadena de oración para pedir perdón por la blasfemia que acaba de decir.

Mientras estaban así pelotudeando, la única mujer del grupo, que era una rubia bastante pasable, teniendo en cuenta que Johnny hace años que está solo en medio de la selva y que las minas de por ahí son bastante fuleras, medio le sigue insistiendo hasta que logra convencerlo.

Así, de muy mala gana y mas que nada ilusionado con que al final por ahí la rubia en agradecimiento se dejaba tocar una teta o algo, Rambo los carga a todos en su modesto bote y los termina llevando donde le habían pedido sin cobrarles nada.
Después de un día de viaje y algún que otro pequeño contratiempo en el camino, llegan a destino.

El grupo de misioneros optimistas y bienhechores emprende su marcha hacia la aldea, pero antes de partir, la mina se vuelve hacia Rambo.
“¡Esssa! Ahora es la mía…” piensa John mientras disimuladamente se echa aliento en la mano para ver que tan mal olía.

Ella se acerca, lo mira a los ojos, le regala un crucifijo, se da vuelta y se va.
El recio ex-boina verde, arrastrando el culo por la desilusión, se vuelve a la casa sintiéndose un papafrita y con una calentura tan grande que en el camino, agarra y prende fuego un barco que se encuentra por ahí al grito de “¡¡Un crucifijo me dió la cursienta!! ¡¡Un crucifijo!! ¡¡¡Será posible!!!”.

Algunos días después, estaba Rambo tirado en una hamaca paraguaya, soñando con sus películas anteriores, cuando le cae un tipo que decía ser representante del grupo aquel al que había llevado antes.

“¡Por que no me dejan de romper las pelotas! ¿Qué me tienen de punto?” – murmura

John que se había levantado de mal humor.

 


Pero entonces el tipo este le cuenta que estaba preocupado porque el grupo ya debería haber vuelto hace rato y como todavía no tenía noticias, temía que les hubiera pasado algo malo.
Y efectivamente, les pasó.

Sucede que al poco tiempo de llegar el grupo a la aldea, ésta fue atacada sin piedad por el ejército (hay que tener mala suerte eh…), que luego de masacrar indiscriminadamente a todo lo que se movía (literalmente, y ojo si se es impresionable con las imágenes violentas porque en estas escenas la metáfora no existe. Yo lo avisé) tomó de rehenes a los pocos misioneros sobrevivientes.
Ante esta difícil situación, y dado que sabían que él los había llevado antes, vuelven a solicitarle a Rambo sus servicios de remis náutico para que lleve, esta vez, a un grupo de peligrosos mercenarios contratados para rescatar a los rehenes.
“Bueno, pero si se arma cachengue yo también participo” dice John.
“No, vos nos llevás y te volvés. Estás viejo y medio gordo” le responde el líder mercenario.
“No. Yo voy porque yo soy Rambo y la película es mía” responde John mientras amaga con tacharlo del reparto.
De esta manera, casi sin proponérselo pero fiel su naturaleza, Rambo vuelve a la selva a hacer lo que mejor sabe hacer: reventar tipos de ojos rasgados a diestra y siniestra y gritar con la boca torcida.
A partir de ese momento se desata la hecatombe, la debacle total.
Un despliegue de acción por momentos avasallante que, sumada a la crudeza salvaje de ciertas imágenes, podrá llegar a incomodar a algún espectador medio mariconcete pero que, sin dudas, es una muestra acabada del cine de acción clásico de las décadas pasadas.
El guión, si bien es simple y bastante básico, va mas allá de ser como suele pasar en estos casos, una simple excusa para poner al protagonista de nuevo en pantalla, dado que la guerra civil en Birmania es real y la brutalidad reflejada en la película poco difiere de los hechos que se suceden diariamente en aquellas regiones.
En cuanto a las actuaciones, que se puede decir. Silvester Stallone es John Rambo y punto. Entrado en años, tal vez con algún kilito de mas, pero entero, crudo, y en un estado físico que me produce envidia a mi, que tengo la mitad de sus años.
Stallone no dice sus líneas, las gruñe, pero no importa. No le hace falta nada mas para personificar al legendario ex soldado como en sus mejores épocas, y solo el poder volver a verlo en la gran pantalla emociona.



Lo acompañan Julie Benz como Sarah, Paul Schulze como Michael, Matthew Mardsen como School Boy, Graham McTavish como Lewis, y un montón de tailandeses, vietnamitas o chinos (no se, eran todos medio parecidos) que no voy a nombrar porque tienen nombres muy difíciles y me llevaría mucho tiempo.
Por otro lado, hubo en este capítulo, sin dudas, dos grandes ausentes como Richard Creena (se murió) y el cuchillo de supervivencia (que parece que estaba medio agrandado y pedía mas cachet y hasta tener algunas líneas).
La película fue dirigida por el mismísimo Silvester Stallone, que ha logrado, creo yo, mas allá de darle un dignísimo cierre (aunque eso todavía está por verse) a la historia de uno de sus personajes mas emblemáticos, redondear un gran trabajo, demostrando que todavía mantiene intacto su lugar en el mundo del cine.

Señoras y señores, John Rambo está de vuelta.

Calificación: 4 Renegados y medio (Muy muy buena. Peliculón de acción, violenta, explícita, brutal y sangrienta. Una clásico exponente de la vieja escuela de género que no defrauda en ningún momento. No apta para gente sensible, pero sin dudas un broche de oro para una saga legendaria. Absolutamente recomendable).

Recomendaciones: Si Ud. es fanático de las películas de Stallone obviamente no se la puede perder.
Si Ud. no es fanático de Stallone, vaya igual. No sea maricón.
Si Ud. está aburrido de las películas con secuencias que “sugieren” violencia pero no muestran nada porque es de mal gusto, vaya a ver ésta y empáchese de sangre, balas y realismo.
Si a Ud. la sangre lo impresiona, no vaya. Se puede desmayar quedando como un pusilánime mantequita y es un papelón.

Lo mejor: El realismo salvaje de las escenas. Y por supuesto el volver a ver a Rambo en pantalla grande.
Lo peor: Nada, estuvo buenísima.
publicado por Renegado el 27 febrero, 2008

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