Avatar está en la calle para marcar un antes y un después en la historia del cine.

★★★★☆ Muy Buena

No vamos a lamentarnos por la cantidad de años que Cameron se ha mantenido alejado de las salas comerciales. Preferimos regocijarnos por el hecho de que haya regresado al redil sin defraudar. Cameron, que siempre se apunta al carro de la modernidad, esperó 10 años porque la tecnología aún no había evolucionado lo suficiente como para poder satisfacer sus deseos cinematográficos. Ahora, tras esa larga gestación, por fin podemos disfrutar de Avatar, la epopeya galáctica en 3D que supone una revolución en el cine tal y como lo conocemos. Damos fe.

Jake Sully es un ex-marine en silla de ruedas que, a pesar de su cuerpo tullido, todavía es un guerrero de corazón. Jake ha sido reclutado para viajar a Pandora, donde las corporaciones están extrayendo un mineral extraño que es la clave para resolver los problemas de la crisis energética de la Tierra. Al ser tóxica la atmósfera de Pandora, ellos han creado el programa Avatar, en el cual los humanos "conductores" tienen sus conciencias unidas a un avatar, un cuerpo biológico controlado de forma remota que puede sobrevivir en el aire letal. Estos cuerpos están creados genéticamente de ADN humano, mezclado con ADN de los nativos de Pandora, los Na’vi. Ya en su forma avatar, Jake puede caminar otra vez. Ha recibido la misión de infiltrarse entre los Na’vi, los cuales se han convertido en el mayor obstáculo para la extracción del mineral. Pero una bella Na’vi, Neytiri, salva la vida de Jake, y todo cambia.

Vale, sabemos que esta historia no es nueva. Pero tampoco lo era la de Titanic y arrasó en todo el mundo. Más allá de tópicos típicos, la historia funciona como un tiro, tiene un ritmo trepidante y no da ni un solo respiro al espectador. Los personajes, algunos más que otros, crean empatía y desde luego te llevan con ellos en su aventura durante las dos horas y cuarenta minutos del metraje, algo más de lo que consiguen algunas otras cintas de acción y aventura. Desde luego labor de los actores, por supuesto, pero también gran mérito de Cameron, que demuestra en su regreso que sigue en plena forma y cada vez más ambicioso técnicamente.

Aunque la verdadera revolución viene de la mano de la técnica del 3D y los efectos especiales y visuales. Tal es la magnitud del salto cualitativo, que se podría comparar a presenciar una proyección de El Cantor de Jazz, de la primera película en color, o incluso de la primera película en formato panorámico. Por mucha palabrería que use, no sería capaz de explicaros lo que supone poder distinguir decenas de profundidades diferentes en un solo plano dependiendo del objeto, o, lo que es lo mismo, un 3D de verdad, una tercera dimensión en la que cada elemento presente en el plano tiene su propia profundidad. Una verdadera ‘ventana’ a otra realidad.

Una tecnología que deja muy atrás a otras película que pretenden utilizar el 3D de forma hiperrealista, como Robert Zemechis en sus tres últimos filmes, que, a pesar de correr con su mérito, no pueden alcanzar este nivel de perfección, y que tardará en volver a verse, dado lo laborioso del proceso. En cualquier caso, Avatar está en la calle para marcar un antes y un después en la historia del cine y, desde luego, como acontecimiento o como hito tecnológico, lo ha conseguido.

publicado por Pablo López el 17 diciembre, 2009

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