La película empieza bien pero se va desinflando progresivamente a partir de la media hora hasta el punto de que el espectador se acaba distanciando de lo que sucede en pantalla.

★★★☆☆ Buena

Pozos de ambición

Todos año cinematográfico viene cargado de agradables sorpresas y de sorprendentes decepciones que nos recuerdan algo que algunos críticos olvidan: no se pude criticar una película antes de verla.

Después de este malicioso comentario, tengo que confesaros que iba con la mejor de las predisposiciones a la hora de ver “Pozos de ambición” (There Will Be Blood). No sólo me gusta el cine de Paul Thomas Anderson sino que además la crítica la ensalzaba como una de las grandes películas del año.

Ahora que la he visto no acierto a comprender bien los motivos que llevaron a todo el mundo, academia de Hollywood incluída, a apoyar la película de esta forma.

El arranque de la historia es ciertamente bueno, prácticamente cine mudo puro durante un buen rato, nos demuestra lo bueno que es Anderson cuando se lo propone. Desafortunadamente la cosa se va desinflando progresivamente a partir de la media hora hasta el punto de que el espectador se va distanciando poco a poco de lo que sucede en pantalla.

Esto sucede, en mi opinión, porque las motivaciones de los protagonistas, sus sentimientos, no están todo lo bien explicados que requerirían. El protagonista es ambicioso, sí, pero no llega a quedar excesivamente claro el lugar que su hijo adoptivo ocupa en su corazón y sus pensamientos. Asímismo, su descenso a los infiernos de la avaricia resulta algo opaco.

De esta forma es complicado mantener viva la identificación con alguno de los personajes y llega un momento en el que a mí, personalmente, me importaba un comino cómo fuese a seguir una historia que veía navegar sin rumbo ni destino. Pocas cosas hay más graves que el hecho de que al espectador no le importe lo que le suceda a los personajes.

Eso sí, la labor actoral es digna de mención. Todos están estupendos aunque podríamos destacar a Paul Dano y Daniel Day-Lewis que están un pelín excedidos, pero no tanto como he oído comentar, porque sus excesos me parecen justificados.

Lo que sí tengo que decir es que no me parece que Daniel Day-Lewis se mereciese el oscar por este papel. Está a gran nivel, sin duda, pero creo que este año Tommy Lee Jones, George Clooney y Viggo Mortensen se lo merecían más. Si no lo digo, reviento.

También he oído críticas al final de la película, comentando que es un poco repentino y ambiguo. Si bien es verdad que es un pelín brusco creo que mucha gente ha opinado en base a la versión doblada en la que imagino han traducido el “I’m finished” pronunciado por el protagonista como un “He terminado” (así lo tradujeron en los subtítulos). Era imposible traducir correctamente la frase pues en inglés significa también “Estoy acabado”. Esa polisemia es importante a la hora de darle un significado a la escena final que, en todo caso, también me parece insuficiente para la historia.

Eso sí, técnicamente estamos ante un espectáculo de primera magnitud. Aquellos que disfruten con la fotografía de una película se lo van a pasar pipa porque el oscarizado trabajo de Robert Elswit es excelente. Tampoco se quedan atrás el montaje, la dirección artística o el sonido de una superproducción a la antigua usanza.

El resultado final es, por lo tanto, algo irregular y decepcionante pese a tener algunos aspectos destacables ya mencionados. Creo que hay exigirle más a un director capaz de realizar una obra maestra del calibre de “Magnolia“. Pese a todo, esperaré ansioso su próximo proyecto.

Valoración final: 5,5 sobre 10.

publicado por Jeremy Fox el 18 junio, 2008

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