Buena película de Paul Thomas Anderson, autor de la soberbia “”Magnolia””, que tanto me sobrecogió en su día.

★★★☆☆ Buena

Pozos de ambición

Buena película de Paul Thomas Anderson, autor de la soberbia "Magnolia", que tanto me sobrecogió en su día.

En esta ocasión no ha ocurrido lo mismo, ya que, para comenzar, este es un film bastante extraño, no sé si porque  la novela original "Oil", de Upton Sinclair también lo es, o porque Paul Thomas Anderson lo ha adaptado así, situándola en sus muy personales coordenadas. Sea como sea, ha conseguido un muy estimable film donde se combinan varios géneros en uno, aunque lógicamente sea el drama el que gana la función.

Un drama a ratos desaforado, excesivo, grandilocuente, a ratos intimista y subrayado por miradas y estruendosos silencios, y a ratos espectacular en su épica.
El resultado general es el de un film en todo momento interesante, de irregular ritmo, que no deja indiferente a nadie, pero también puede no gustar a una gran mayoría de espectadores, ya que todos los elementos están mostrados desde una singular pespectiva de tragedia griega, donde es posible que no haya muchos cadáveres pero sí muchos personajes destrozados por sus propios demonios interiores.
Y todo ello narrado de forma muy atípica, descolocando al personal, resultando imprevisible, algo que puede resultar negativo en líneas generales, pero que en esa ocasión resulta, a veces, verdaderamente subyugante.

Un poco larga, algo más de dos horas y media, para mi gusto no cansa ni aburre un ápice, pero sí que existen momentos por la parte central que bajan en intensidad, puesto que el primer tercio es sumamente interesante y ameno y más tarde baja el ritmo, aunque existan soberbias escenas como la "conversión" del protagonista en la Iglesia o la relación entre este último y su recuperado hermano.

Asimismo, cada vez que el joven pastor (excelente Paul Dano en su composición) y el protagonista se encuentran, saltan chispas y sus duelo, tanto verbales como físicos, sobrecogen por su intensidad dramática.

Y como representativo colofón, el final de la cinta, un final que por supuesto no se debe contar, pero que tiene su miga y deja bastante atónito al espectador.
Podría hablar mucho y tendido sobre este nada fácil film, comenzando por las peculiaridades de los atormentados personajes, donde el protagonista se lleva la palma (como se suele decir es como para darle de come aparte), pero solo diré que si bien no me ha convencido del todo, sin duda porque no era como de ningún modo esperaba, sí que me ha dejado una honda huella. Vamos, que hace reflexionar y pensar en lo que se ha visto y oído.

La película ya ha ganado un buen número de premios, a los que habrá que sumar casi con toda seguridad algunos Óscars, estando a la cabeza de favoritos la extraordinaria composición de Daniel Day-Lewis, máximo favorito al Gran Premio. Pero no se debe olvidar la bellísima fotografía.
Lo mejor: Daniel Day-Lewis, la fotografía, la extraña música.
Lo peor: No es que sea algo malo, pero se aparta demasiado de la convencionalidad, lo que descoloca a gran parte del público.
publicado por Iñaki Bilbao el 17 febrero, 2008

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