Nada de alardes. Nada gratuito.Estamos viendo a hombres reales, luchando contra sí mismos y el mundo.

★★★★☆ Muy Buena

Pozos de ambición

Hasta el 15 de febrero tendremos que esperar para ver en los cines españoles la última película de Paul Thomas Anderson, que ya nos trajese aquella maravilla llamada Magnolia, así como las interesantísimas Punch Drunk Love y Boogie Nights. En esta ocasión ha contado con Daniel Day-Lewis como protagonista indiscutible para hablarnos, una vez más, de las miserias humanas, papel que le ha valido el galardón de la Broadcast Film Critics Association Awards.

There will be blood nos cuenta cómo Daniel Plainview se ve poseído por la idea de la competencia, de ser el mejor, el más rico, sin poder soportar que otros le hagan sombra. Buscador de oro y plata reconvertido en magnate petrolífero, Plainview irá cayendo cada vez más bajo para lograr sus objetivos sin importarle qué o quién tiene que pisotear.

Siguiendo un desarrollo argumental más o menos lineal, sin grandes excesos ni giros extremadamente portentosos, la historia se desarrolla, como en el resto de cintas de Paul Thomas Anderson, usando a los personajes como cimientos, como la base principal y motor de toda la película. El peso recae en ellos y saben llevarlo muy bien. Daniel Day-Lewis es un verdadero americano del siglo XIX y principios del XX, endurecido a fuerza de pico y pala. Exuda rudeza y sangre fría. Su acento y sus movimientos están perfectamente trabajados. En suma, al que vemos en pantalla no es a Day-Lewis, sino a Plainview. Muy acorde con su nombre (plainview, en inglés, significaría visión directa), avanza sin artificios por la historia, dejando claro lo que quiere y que nada le parará hasta lograrlo. Pero siempre hay algún obstáculo, y en este caso el obstáculo no es otro que un joven metido a profeta de su propia secta, La Tercera Revelación, encarnado por Paul Dano. Dano, cuyo papel más conocido hasta la fecha fue el de hermano mayor en Pequeña Miss Sunshine, sorprende por lo maduro de su interpretación, sabiendo plantar cara a Day-Lewis sin ningún problema, equilibrando la balanza interpretativa perfectamente. Puede que Paul Thomas Anderson haya descubierto a un nuevo Edward Norton con esta película.




La realización de la cinta es, sin empaques, la que pide la historia. Planos de larga duración, en su mayor parte, nada de montaje sincopado, violencia, cuando aparece, contada con frialdad exquisita, cercana y distante a un tiempo, sin recrearse pero sin obviarla, como un elemento necesario más. Encuadres muy estudiados y juegos con el contracampo interno en los momentos de más intimidad o a la luz de una fogata. Nada de alardes. Nada gratuito. Aquí no estamos viendo Gigante, con el maravilloso James Dean sufriendo ante nuestros ojos por incomprendido. Estamos viendo a hombres reales, que bien podían ser sus abuelos, luchando contra sí mismos y el mundo.

El resto de elementos apoyan perfectamente el desarrollo de la película, y la engrandecen. La fotografía de Robert Elswit, su colaborador habitual desde Sydney (1996), aún sin ser demasiado espectacular, tiene momentos grandiosos, sobre todo cuando juega con los altos contrastes y poca luz. En cuanto a la música de Johny Greenwood logra crear un ambiente de tensión casi hipnótico, jugando con movimientos minimalistas en ocasiones, con cuerdas muy presentes que casi asfixian a la percusión que tienen de base. Sólo hubo un momento del metraje en que me pareció poco acertada; el resto del tiempo, un verdadero hallazgo.

There will be blood es una cita imprescindible para aquellos que disfrutan viendo cine con algo más que tiros y explosiones, cine que tiene algo que contar, una película en que cada elemento, cada personaje, funciona con la exactitud de una maquinaria de relojería.
publicado por Sandavito el 17 enero, 2008

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