Sarah Polley realiza una lectura de los sentimientos de una pareja que lleva una vida compartiendo sus existencias, cuando se ven obligados a tomar una drástica decisión cuando el Alzheimer empieza a hacer estragos en los recuerdos de ella.

★★★☆☆ Buena

Lejos de ella

¿Cuánto estaríamos dispuestos a sacrificar por amor? Y no hablo de ese amor juvenil, pasional y desgarrado que uno experimenta en los primeros pasos de la vida adulta, sino el amor pausado, seguro y completo que pocas veces se halla al pasar más de media vida con una persona. Ese momento en el que la compañía del otro se hace necesaria, en el que los silencios son cómodos y confortables y en el que la idea de que uno de los dos desaparezca escuece vivamente en lo más hondo de las entrañas. Esa época en la que las locuras arriesgadas han pasado a mejor vida y en la que el mejor plan para una tarde es escuchar la voz de la pareja leyendo un libro mil veces leído, debajo de una manta, mientras se piensa en el presente y se olvida el futuro.

Probablemente todos marquemos la misma casilla del test. Si alguien consigue encontrar esta clase de relación, estaría dispuesto a sacrificar casi todo por el bien de la otra mitad. Pero, ¿y si ese sacrificio supone arriesgarse a ser olvidado? ¿Y si lo mejor para aquel o aquella a quién amamos pasa por alejarla de uno mismo? ¿Y si la felicidad de tu compañera supone la amarga infelicidad de uno mismo?

Sarah Polley, magnífica actriz y habitual en filmografías como la de Isabel Coixet o Atom Egoyan, realiza una lectura de los sentimientos de una pareja que lleva una vida compartiendo sus existencias, cuando se ven obligados a tomar una drástica decisión. El Alzheimer empieza a hacer estragos en los recuerdos de Fiona y, aunque ella toma una rápida conciencia de la situación e intenta convivir con su maltrecha memoria, llega un momento en el que la situación se vuelve complicada y peligrosa. Es en ese instante cuando ella toma la determinación de ingresar en una residencia especializada, intentando salvar a su pareja de una carga de por vida.

Grant, su marido, no está en absoluto de acuerdo y, aunque preferiría ser él quien cuidase de su esposa, no puede negarse a sus deseos. El problema surge cuando las normas de la residencia obligan al paciente a permanecer los 30 primeros días sin recibir visitas para una correcta adaptación a la nueva vida. ¿Cuántos recuerdos es capaz de borrar la enfermedad en ese lapso de tiempo?

El relato se centra entonces en cómo Grant afronta esta nueva etapa de su vida. En los sentimientos de soledad y de tristeza de un hombre con un carácter sosegado que lucha por aferrar a su media naranja a los recuerdos que comparten. En los sacrificios que está dispuesto a llevar a cabo por la felicidad de su esposa. En el sentimiento de culpa que acecha ante los errores que pudo cometer en una relación de más de media vida.

En algunos momentos la trama decae y la narración se ralentiza volviéndose ligeramente tediosa, quizás por el hecho de que la historia se basa en un relato breve que Polley, también encargada del guión, no consigue ampliar de forma uniforme, o quizás debido a las carencias que suele suponer una ópera prima. No obstante, dichos momentos de bajón se ven compensados con otros de fuerza increíble, que golpean al espectador en mitad del pecho sin la necesidad de argucias lacrimógenas o escenas con exceso de azucar.

Esos momentos de gran intensidad emocional, son gracias a los dos actores principales, inmensos en la construcción de dos personajes tremendamente humanos, con personalidades fuertes y definidas que conducen el relato de forma natural y pausada. Julie Christie y Gordon Pinsent son lo mejor de un debut que demuestra que Sarah Polley tiene suficiente carisma y sensibilidad como para esperar de ella una interesante evolución detrás de las cámaras.

Lo mejor: Las actuaciones de Julie Christie y Gordon Pinsent.
Lo peor: Ciertos momentos en los que el guión de Polley decae y se pierde la intensidad de narración.
publicado por Heitor Pan el 4 enero, 2008

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