Un argumento de peso para aquellos que critican el subvencionado, subsidiado y decadente cine español contemporáneo .

★☆☆☆☆ Pésima

Días de cine

A pesar de que muchas veces los hago con poca fe, todavía soy de esos que intentan defender al cine español de las iracundas críticas que suele recibir por gente que ni siquiera se molesta en ver las películas antes de desollarlas. Y digo con poca fe, o ninguna, porque hay casos en los que la tarea de buscar el lado positivo se hace bastante cuesta arriba. Y créanme cuando les digo que éste que nos ocupa hoy es una clara muestra de ello.

Días de Cine es una aberración que pretende parodiar el cine español de la época del destape, y que lo hace a través de una miscelánea de personajes que son una copia descarada, irrespetuosa y zafia de algunos de los iconos artísticos reales de épocas pasadas, a los que poco o nada se ha intentado modificar para evitar una burla que al final no es ofensiva porque precisamente este filme no es más que aquello que se ha empeñado en criticar.

Un guión sin ingenio, diálogos romos, personajes definidos con mal gusto y poca imaginación son las notas predominantes en este bodrio alumbrado a la luz de alguna de esas magníficas subvenciones que los cineastas de este país cobran de nuevo del estado, y que les convierte en los únicos trabajadores que no necesitan hacer bien su labor para cobrarla de manera magnífica. En una época en la que el mercado manda, y en el que escritores, cantantes, hosteleros y vendedores están sujetos a la aceptación del público, estos artistas no necesitan de la aprobación del respetable, porque incluso las televisiones privadas están obligadas a subvencionarlos y pagarles enormes cantidades, aunque no las merezca su trabajo, que es en muchas ocasiones, como ésta, vergonzoso.

Esto se nota en el poco cuidado que se ha tenido en esta producción con los detalles, ya que en una ocasión incluso se ve el reflejo de un micrófono en un bar. Aunque sin duda, la más flagrante de las negligencias se produce cuando en una de las escenas van caminando los protagonistas por un pasillo y pasan por delante de unos carteles que anuncian una corrida de toros de José Tomás, El Fandi y Finito de Córdoba, que en 1977 (época en la que se ambienta la película), eran niños de pecho o ni siquiera habían nacido.

No quiero perder ni hacer perder más tiempo hablando de esta basura, en la que deberían haberse sentido avergonzados de haber participado Fernando Tejero, Alberto San Juan y Miguel Rellán, actores con un nombre y una trayectoria a sus espaldas.

Quizás si se dedicasen más a elaborar guiones de calidad y menos a estar en la puerta del Congreso, en las manifestaciones, firmando manifiestos anti PP y figurando en los mítines políticos, el cine español no sería, según el propio CIS, uno de los menos apreciados por los ciudadanos de este país.
Lo mejor: La ironía de que la película sea precisamente aquello que pretendía criticar.
Lo peor: El mal gusto y la falta de tacto al ridiculizar a artistas que durante muchos años sí que gozaron del apoyo del público y que marcaron una época por la que se les recuerda. Algo que seguramente pocos de ellos conseguirán.
publicado por Oscar Cantero el 24 junio, 2007

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