Crítica de

Banderas de nuestros padres

Aburrimiento. Esa es la palabra que define el primer tropezón serio del maestro Clint cuando termino de ver Banderas de nuestros padres.
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Cartel de la película Banderas de nuestros padres (2007) de Clint Eastwood

Aburrimiento. Esa es la palabra que define el primer tropezón serio del maestro Clint (Deuda de sangre era un poco sosa también, pero es que esta encima es pretenciosa) cuando termino de ver Banderas de nuestros padres. ¿Por dónde empezar?

El film tiene una estructura de bucle y las mismas tres escenas se repiten incesantemente durante las dos horas (largas) de metraje.
Primero tenemos un flashback del campo de batalla, luego una escena de despacho y luego una escena de campo deportivo.
Y así se pasa la película.

Luego están los actores, que ni tienen carisma ni emocionan, sobre todo Adam Beach, lamentable, que logra que Ryan Phillippe parezca actor. Los secundarios pasan por ahí, y nos encontramos con Paul Walter o Barry Pepper, (este último parece recién salido de Salvar al soldado Ryan) o con Billy Elliot repitiendo su papel de King Kong.

La música es tan repetitiva como la estructura de la narración, es decir, también aburre y llega a cansar. La historia es bastante insulsa y está trilladísima. ¿Lo positivo? Las secuencias bélicas, estupendamente tratadas y rodadas con abrumador clasicismo. Veré las cartas de Iwo Jima, porque no puede ser más aburrida que esta.


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