Poco puede destacarse de La criatura perfecta, a excepción de su ambientación neo-gótica. El resto, para olvidar.

★★☆☆☆ Mediocre

La criatura perfecta

La criatura perfecta es una coproducción entre Nueva Zelanda y el Reino Unido dirigida por Glenn Standring y protagonizada por Dougray Scott, Saffron Burrows, Leo Gregory, Scott Willis, Stuart Wilson, Craig Hall, Robbie Magasiva, Lauren Jackson, Peter McCauley y Glen Drake.

La película nos sitúa en un alternativo y retro-futurista 1960, donde vampiros y humanos coexisten pacíficamente desde hace 300 años. Pero este delicado equilibrio se romperá cuando un vampiro empieza a alimentarse de humanos, propagando en ellos una extraña enfermedad similar a la rabia, amenazando con la paz entre los llamados Hermanos y el resto de la sociedad.

Poco puede destacarse de La criatura perfecta, película que llegará a nuestras carteleras el próximo viernes. Con una ambientación neogótica fusión de Underworld y La brújula dorada -si bien su símil más próximo sería el de Van Helsing futurista-, La criatura perfecta es un fallido intento más de atraer al público a partir del mito vampírico.

La película se basa en la suposición de que un alquimista del siglo XV creó a los vampiros mientras trataba de hallar una vacuna para las plagas que azotaban al mundo por aquel entonces, tales como la peste. Los vampiros, considerados como una aberración a pesar de no serotra cosa que un paso más en la evolución del Hombre, hallaron la cura a dichas plagas y juraron proteger a los humanos, conformando la llamada Iglesia y convirtiéndose ellos mismos en Hermanos.

Como idea, ciertamente, no está mal del todo, pero tanto el fondo como la forma de La criatura perfecta hacen aguas por todas partes, resultando su estética neogótica lo único rescatable de esta cinta cuyas influencias van desde las anteriormente citadas Underworld y Van Helsing, a títulos como Equilibrium o Ultraviolet: la trama pierde todo su atractivo una vez ha sido planteada, presentándonos una sucesión de personajes arquetípicos interpretados por unos actores que parecen competir por el premio al peor actor del año, de entre los cuales cabría destacar a un anodino Dougray Scott, probablemente el vampiro más insulso de los últimos tiempos.

Aunque, seamos sinceros, podríamos decir vampiro como podríamos decir ukelele sociópata, ya que una contenida sed de sangre y una mayor potencia física son los únicos indicios que apuntan a confirmar la naturaleza de no-muerto de los vampiros de La criatura perfecta. Por otro lado, el leitmotiv de Edgar, némesis de la cinta, tampoco nos queda excesiva claro en ningún momento, justificando todos sus actos a partir de una enfermedad que él mismo ha creado.

Eso sí, secuela más que abierta, por supuesto.

Producto de salida directa a DVD, y poco más.
publicado por Oscar Martínez el 14 enero, 2008

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