Un cambio de tercio radical en la filmografía del director, una película entrañable y llena de contrastes(…) Un claro ejemplo de cómo realizar buen cine tocando temas ya conocidos desde una perspectiva diferente.

★★★★☆ Muy Buena

Soy un cyborg

Nominada al Oso de Oro en la pasada Berlinale, I’m a cyborg, but that’s OK es la última película de Park Chan-Wook, que junto a Kim Ki-Duk se ha convertido en el principal referente del cine coreano para el resto del mundo.

Muy distante en cuanto a género de su aclamada Trilogía de la Venganza (Sympathy for Mr. Vengeance, Oldboy, Sympathy for Lady Vengeance), aunque con sus misma intesidad surrealista, Soy un cyborg (I’m a cyborg, But that’s OK) cuenta la poco convencional historia de amor entre dos jóvenes, Il-soon (Rain) y Young-goon (Lim Su-yeong), ambos ingresados en un hospital psiquiátrico: Il-soon tiene un trauma infantil que le ha convertido en un cleptómano esquizofrénico que cree tener la capacidad de menguar hasta convertirse en un punto negro apenas perceptible para sus víctimas; Young-goon, en cambio, descubrió por boca de una bicicleta que no era humana, sino un cyborg, algo verdaderamente extraño si tenemos en cuenta que su abuela, madre y tíos creen ser unos ratones devoradores de rábanos.

Casi nada, vamos.

Con esta trama que, para qué negarlo, podría haber sido extraída de cualquier película freak de serie Z, Park Chan-Wook consigue ofrecernos un delicioso retrato de amor, amistad y comprensión, bello, emotivo y tremendamente divertido; el cineasta coreano logra convertir la insana lógica de sus personajes en una realidad tremendamente consecuente y arrebatadora, confeccionando un abanico de locos entrañables como la oronda Gop-dahn, que cree tener unos calcetines cargados de estática que le permiten volar, Duk-Chun, que piensa que todo lo hace mal y se siente culpable por todos los males del mundo, Dae-pyong, al que el picor de su nalga derecha y el trauma de su matrimonio con una mujer peluda le impiden jugar al ping-pong en plenas facultades, o Eun-Young, una joven que lleva años y años practicando para entrar a formar parte de un coro tirolés.

Pero que no se piense nadie que I’m a cyborg, but that’s OK es una película empalagosa o exenta de violencia, pues Park Chan-Wook aprovecha la locura de Young-goon, ese supuesto cyborg asesino destinado a desatar el fin del mundo y aniquilar a la humanidad, para mostrarnos diversas masacres a ritmo de vals y ciertas escenas verdaderamente estrambóticas, con unos efectos especiales muy logrados pero que en ningún momento cobran mayor relevancia que la propia historia.

A esto añadidle una fotografía increíble, con una viveza y contraste de colores que ya le gustaría lograr a Zhang Yimou sin la necesidad de montar un circo, con planos abiertos y cuidados al detalle, y una música sencilla aunque de armonías pegadizas.

En resumen: I’m a cyborg, but that’s OK es una película sencilla y sin aparentes pretensiones aunque llena de contrastes, un claro ejemplo de cómo realizar buen cine tocando temas ya conocidos desde una perspectiva diferente.; en definitiva, una buena muestra de lo que puede llegar a ser el cine asiático en el nuevo milenio.

publicado por Oscar Martínez el 4 julio, 2008

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