Personajes vacíos, decorados artificiales, muertes sangrientas e “”imaginativas”” y una serie casi interminable de clichés que se producen sin pausa, demostrando a los aspirantes a cineastas que sí se puede construir una película a base de topicazos.

★☆☆☆☆ Pésima

Los ojos del mal

Antes de decir cualquier cosa, hay que recordar que Los ojos del mal (2006) fue en su momento la primera película de la WWE Films, una productora parida por la federación que patrocina ese espectáculo de acrobacias homoeróticas que es la lucha libre norteamericana. La productora, de hecho, fue creada con el solo propósito de lanzar una serie de películas comerciales que abrieran paso a las grandes estrellas de este espectáculo en el mundo del cine. Tras esta primera película de terror, la WWE Films ha lanzado otras dos cintas, The Marine (2006) y The Condemned (2007), cubriendo los géneros de acción y de thriller futurista, respectivamente. Cabe acotar, sin embargo, que el empleo de luchadores en el cine no es nada nuevo, ya que desde siempre ha habido un desfile interminable de luminarias que dieron sus primeros pasos entre las doce cuerdas, como Hulk Hogan, Roddy Piper, Jesse Ventura o el más reciente The Rock. El empleo de estas estrellas a la cabeza del reparto es un recurso traicionero, ya que como sabiamente dijo una vez un amigo mío, por cada Están vivos (1988) hay diez Suburban Commando (1991).

Al principio de esta historia vemos como un poli resulta derrotado y mutilado al intentar atrapar al asesino en serie Jacob Goodnight (interpretado por el inmesurable Kane y cuyo nombre bien podría ser el de un luchador de verdad), famoso por su obsesión con los ojos, que arranca de sus víctimas para luego conservarlos en salmuera. Varios años después, el mismo agente de la ley, ahora convertido en guardia de prisión, es contratado para vigilar a un grupo de jovenzuelos presidiarios que deben trabajar restaurando un viejo y destartalado hotel antiguo si quieren reducir su pena carcelaria.

Como si el hecho de que un grupo de convictos juveniles pernoctando en un gigantesco edificio con sólo un guardia discapacitado para vigilarles no fuese ya un monumento a lo inverosímil, asistimos aquí a un giro sorpresa: las ruinas de dicho hotel son precisamente el refugio de Jacob Goodnight, quien está más que encantado de contar con víctimas frescas para añadir a su colección de globos oculares. Está claro que dicha situación inicial, ridícula hasta más no poder, no puede mantenerse por mucho tiempo, así que la película rápidamente abraza los esterotipos y lugares comunes propios del género para convertir a los personajes en una pandilla de jovencitos hiper-hormonados que transforman aquel trabajo esclavizante en una fiesta digna de las secuelas más cutres de Viernes 13 (1980).

Si algo hay que reconocerle a Gregory Dark (seudónimo de un hombre que ha dirigido un número abismal de pelis porno y un vídeo de Britney Spears) es que ha sabido mezclar todos los ingredientes de lo que es una película de terror de esas que hoy en día se producen por los cientos: personajes vacíos, decorados artificiales, muertes sangrientas e “imaginativas” y una serie casi interminable de clichés que se producen sin pausa, demostrando a los aspirantes a cineastas que sí se puede construir una película a base de topicazos. Desde los insoportables personajillos víctimas (convenientemente explotados en su atractivo sexual) hasta las ineludibles referencias al pasado traumático del asesino e incluso un giro sorpresa final que se ve venir a leguas. El hecho de que la historia revierta en cierto modo lo que se podría esperar de los personajes y su destino final (básicamente quien sobrevive y quien no) no basta para recomendar esta pérdida de tiempo. Hablamos de una película genuinamente mala, que repite y repite los más manidos lugares comunes del slasher, pero sin ironía.

Esto nos lleva irremediablemente a lo más lamentables de todo: el propio Kane, un gigantón que se pasa toda la película rompiendo paredes, haciendo pucheros y poniendo una risible cara de malo que le hace parecer como si estuviese constantemente oliendo mierda, un fantoche sin absolutamente nada del carisma de otros asesinos del pasado, un gorila albino que da más risa que otra cosa. Es cierto que de una película como esta no hay que esperar mucho, pero imagino que después de haber visto tantas películas de terror inevitablemente terminas exigiendo más de las cosas. Hacer caso omiso de este desperdicio llamado Los ojos del mal es obligatorio para cualquier espectador mayor de catorce años. Yo, en lo personal, paso olímpicamente de esta cosa.
publicado por Hombre Lobo el 10 septiembre, 2007

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