
Tan original como descacharrante me parece la premisa argumental de esta película. Dos amigos y encargados de un videoclub de cintas VHS, borran por accidente el contenido de todas las cintas, por lo que deciden volver a rodarlas con medios caseros para alquilárselas a los clientes del barrio. Además, la realización funciona, porque sus remakes se convierten en inesperados éxitos y reciben encargos para seguir con su labor.
Del director Michel Gondry recuerdo con interés Eternal Sunshine of the Spotless Mind (Olvídate de mí, 2004) y cómo insufrible La science des rêves (La ciencia del sueño, 2006). Con esta nueva obra ha vuelto a ganarme como espectador, sobre todo por las divertidas secuencias en que Jack Black y Mos Deff, van recreando films cómo Los cazafantasmas, King Kong o 2001. Además, también son parte del reparto, los veteranos Mia Farrow y Danny Glover; y Sigourney Weaver en un corto papel.
La acción tarda en arrancar pero una vez que se lanzan a rodar las versiones caseras, la diversión se dispara y un aficionado al cine no puede dejar de sonreír con el cariz que va tomando el desarrollo del guión. También me gusta esa pelea que se plantea entre el formato analógico y el digital, entre las viejas cintas VHS y el formato DVD, y entre los cutres efectos especiales que inventan en comparación con los sofisticados de las películas originales.
La pena es que todo sea llevado en un tono de comedia que a veces baja el listón a pesar de que a mí no deja de hacerme gracia, salvo en contadas ocasiones. Para rematar finaliza con una bonita escena a lo Frank Capra por su sentimentalismo social, pero sublime en el que se revela cómo un sentido homenaje al séptimo arte.
























