Gondry, en su cuarta película, se pone más melancólico que nunca, sin romances de por medio y con una mirada particularmente satírica del universo cinéfilo.

★★★★★ Excelente

Rebobine, por favor

Gondry, en su cuarta película, se pone más melancólico que nunca, sin romances de por medio y con una mirada particularmente satírica del universo cinéfilo. Be kind rewind es una suerte de “buddy movie”, con dos encantadores perdedores devenidos cineastas amateurs para suplir las películas borradas y para “darle al cliente lo que desea ver”. Así, terminan convirtiéndose en estrellas de unas alocadas remakes de películas populares (desde Los Cazafantasmas a King Kong, desde Hombres de negro hasta 2001 Odisea del espacio). Cualquier película parece poder ajustarse a los nulos recursos de realización de Jerry y Mike. Gondry continúa con su derroche de originalidad y su espíritu naïf, en una película que dispara ideas en muchas direcciones. La primera, una clara postura ideológica acerca de la constante modernización, urbana y tecnológica. Mike y su jefe, el viejo Fletcher, manejan un videoclub que aún no ha ingresado en el mundo del dvd, un negocio que está a punto de ser demolido para refaccionar la esquina.

Esta idea de conservar lo viejo, lo que ha caído en desuso, se encabalga en la mítica historia del jazzero Fats Waller, historia que, como suele repetirse en el mundo del cine, importa o atrae más que los hechos reales. Allí está esa historia, representada desde el principio por Jerry y Mike, en lo que será luego su primera película original. Otra de las ideas contundentes es el manifiesto sobre la creatividad (palabra muy recurrente en los diálogos de Jerry y Mike), concepto que se verá reflejado en sus particulares remakes, donde toda espectacularidad se transforma en material de descarte, donde prima el absurdo, inscripto en la esencia misma de la película, y que hará que todos los habitantes del barrio se vuelvan fanáticos de las realizaciones de Jerry y Mike (súmenle a todas las parodias, la genial escena de Jerry en la planta eléctrica, una evidente referencia a los momentos “electrificados” de Christopher Lloyd en Regreso al futuro, y la aparición de Mia Farrow, ícono del cine dentro del cine con La rosa púrpura del Cairo). Si bien Rebobine, por favor carece de la inventiva visual de la exitosa Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, desborda originalidad e inventiva. Esa inventiva que reside en la lectura consciente y a la vez ingenua, carente de toda soberbia, de la historia del cine en su totalidad, e imbuida de un profundo amor por ese universo maravilloso, que a veces, nos entrega genialidades como esta, inteligentes, creativas, reflexivas, y entretenidas.

publicado por Leo A.Senderovsky el 24 junio, 2008

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