Una bióloga es dejada por su esposo lejos de su hogar y decide internarse en una reserva natural en búsqueda de una introspección. Allí conocerá a un particular joven danés que guarda algunas sorpresas.

★★★☆☆ Buena

Turistas

Un citadino hasta la médula, en plena naturaleza, es un contrapunto más que atractivo para mostrar su intento en resolver la complejidades que le depara la vida misma.  Es lo que le ocurre a esta pareja que compone la bióloga Carla (Aline Kuppenheim ) y su esposo que se aprestan para una merecidas vacaciones pero una confesión de ella desata la ruptura momentánea de la pareja, quedando ella a la deriva en plena carretera en la zona centro sur de Chile. Cerca de allí esta un conocida reserva forestal y parque que es un santuario. Carla se interna en esta naturaleza a veces inquietante con un explorador danés que recorre los bellos parajes. Ambos se harán amigos ocasionales y se quedaran en camping donde compartirán con algunos personajes perdidos en tiempo,  como unas primas que atienden el único almacén o una familia que descansa y cuya esposa tiene un fogoso affaire con el guardaparques.Una verdadera oportunidad para hacerse una introspección es para Carla este periplo lleno de sutilezas entre las relaciones interpersonales y como ellas son toda una aventura cuando se esta inmerso en la inmensidad de la naturaleza. La cámara de Alicia Scherson(Play)  sus directora, se fija en muchos detalles, bichos árboles, hojas en primeros planos muy beloos por cierto, las cuales nos someten a la naturaleza misma, el hombre acá se ve desencajado ante tanta belleza imperante. Un micrososmos ajeno a los problemas cotidiano de las personas. Scherson,  que estudio biología,  a veces presenta este relato como auto referencia complaciente en un tema que maneja pero no decae en su afán de llevar adelante un proyecto intimista, lleno de sutilezas y actuaciones asertivas y necesarias para comunicar muchas veces sin diálogos que esta por momentos en paz consigo mismo en medio del silencio interrumpido solo por el picoteo de un pájaro carpitero o el viento golpeando el abundante follaje de los árboles. De ritmo pausado su apuesta es agradable y se sustenta en su excelente fotografía, su guión bien estructurado y el encanto de Aline Kuppenheim que vuelve hacer un papel algo melancólico como el “La Buena vida” de Andres Wood, un registro que a todas luces que le queda muy bien. Destacable que en el cine alguien se atreva a filmar sin muchos decorados más de los que ofrece un bosque y los ríos,  lleno de árboles de distintas especies. El desarrollo en si es liviano pero una segunda lectura nos lleva a temas mas profundos como el hombre domesticado por la ciudad, siempre añorando volver en todo momento, el tedio que para algunos se trasforma vivir en pareja, el valor de la amistad, las primeras impresiones y la soledad que experimentan muchas personas con el nivel actual de vida. En fin todos estos personajes citadinos viven un retiro medio forzado en un bosque idílico y nadie saldrá de allí sin haber aprendido algo de si mismo y los demás.  
publicado por David Lizana el 23 febrero, 2010

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