La tumba de las luciérnagas contiene una gran calidad en la animación pero también una tragedia demasiado respaldada en las penurias de una pareja de hermanos que sobreviven como pueden en el final de la Segunda Guerra Mundial

★★★★☆ Muy Buena

La tumba de las luciérnagas

La gran diferencia entre Hayao Miyazaki y Isao Takahata, los dos fundadores del Estudio Ghibli (1985), es que el primero, a partir del año de creación del estudio, ha sido más prolífico y más coherente en su carrera cinematográfica. Takahata ha hecho menos películas y bastante diferentes entre ellas, en las que la animación también cumple un papel importante, como en Recuerdos del ayer (1989), mostrando costumbres y recuerdos de su protagonista, pero resaltando en otras un humor bastante absurdo y sorprendente, como se puede observar en su película con mapaches, Pompoko (1994), o en Mis vecinos los Yamada (1999), otra película costumbrista que juega con una animación totalmente diferente, desmarcándose completamente de la habitual minuciosidad de las películas de Miyazaki y optando por crear a sus personajes con un curioso y original dibujo abocetado, con escenas muy bien resueltas, pero siendo una animación más cercana al estilo del animador norteamericano Bill Plympton.

Fue en 1988 cuando Isao Takahata creó la que es su obra más conocida y de la que seguramente será recordado, Las tumbas de las luciérnagas, en la que apostó por la misma línea dramática que tanto éxito le habían dado las series Heidi (1974) y sobre todo Marco (1976), contando esta vez una historia verdaderamente trágica ubicada en el Japón del final de la Segunda Guerra Mundial, centrándose en un adolescente llamado Seita y su hermana pequeña Setsuko. El relato del intento de supervivencia de estos dos personajes es absolutamente desolador, dado que desde los primeros fotogramas sabemos que ambos están muertos ("El día 21 de septiembre de 1945, yo morí"), contando la historia como un flashback en el que él observa algunas escenas de su pasado reciente.

La película recibió muy buenas críticas y debió de sorprender en el momento de su estreno no sólo por su obvia gran calidad de la animación, sino también por sus contundentes imágenes, siendo un drama tan duro que el espectador no puede evitar emocionarse y hasta seguramente soltar alguna lágrima. Sin embargo, uno tampoco puede quitarse de la cabeza la sensación de que a Isao Takahata le gusta adentrarse en este tipo de historias, profundizando demasiado en la miseria de sus protagonistas, buscando claramente la compasión del espectador. Aunque esto no resta valor a la historia ya que el recuerdo de algunas escenas de la hermana pequeña son imborrables y el objetivo de impactar se cumple totalmente, resultando ser una de las películas más tristes de la historia del cine, aunque algunos aspectos del drama sean utilizados casi al límite.
Lo mejor: Su calidad de la animación y que emocione tanto
Lo peor: Que esa emoción sea buscada con tanto ahínco en la miseria de sus personajes
publicado por elprimerhombre el 17 noviembre, 2009

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