La Tumba de las Luciérnagas es una historia intimista sobre la destrucción de la guerra más allá de los estragos físicos o materiales.

★★★★☆ Muy Buena

La tumba de las luciérnagas

Durante finales de los ochenta la animación japonesa tuvo un despegue internacional. Las adaptaciones, sobre todo de comics, llevadas a las pantallas tuvieron una impresionante acogida de crítica y público y se hicieron un hueco en el imaginario colectivo. Títulos como Akira, del mismo año que la película que nos ocupa, tuvieron tanto éxito internacional que algunos estudios en Japón se arriesgaron a nutrir de fondos la industria que hasta ese momento era simplemente nacional.

Lejos de la espectacularidad del manga de acción La Tumba de las Luciérnagas es una historia intimista sobre la destrucción de la guerra más allá de los estragos físicos o materiales.

Isao Takahata elige retratar el sufrimiento de las familias japonesas tras los bombardeos americanos de 1945 según una novela de Akiyuki Nosaka. Con un dibujo fino, refinado y clásico muy reconocible en el resto de piezas creadas por los estudios Ghibli (La princesa Mononoke, El viaje de Chihiro o El castillo ambulante.) recoge las desventuras de Seita y su hermana menor Setsuko que pierden su casa y su familia y se ven arrojados a una vida primero bajo e techo de la despótica tía y después en soledad como pueden permitirse unos niños de 14 y 5 años. Lejos queda del tratamiento de la animación amable de otras obras del director que se encargó de dar vida a millones de infancias con Heidi, Marco o Ana de las Tejas Verdes de las que sólo conserva el gusto por una animación clásica y cuidada.

Pesimista a ratos, alternando una extrema belleza en otros, la vida de los dos hermanos trascurre ante los ojos del espectador que sabe que la desgracia va a marcar su futuro tras la presentación de Seita pero que aún así se sienta a esperar que suceda lo inevitable en este discurso antibelicista que recrea la situación que tantos niños viven en los conflictos bélicos.

La crítica de La Tumba de las Luciérnagas no se queda en un simple alegato contra al guerra y los estragos que causa a los que la sufren, también intenta reflexionar sobre el pasado, la concepción de la vida familiar, el modo de vida japonés, las prioridades y la lealtad, de proteger a los tuyos y la superación en tiempos difíciles. Con unos personajes entrañables con rasgos muy marcados consigue llegar a impresionar con sus motivaciones y reacciones mucho más que cualquier película de imagen real.

El regusto amargo de la película es un trago difícil pero muy aconsejable porque a pesar de ser animación retrata como pocas las angustias de los niños en periodos de guerra, algo que, por desgracia, siempre será de actualidad.

Lo mejor: Unos dibujos cuidados y clásicos para acompañar un guión muy digno sobre los sufrimientos de la guerra.
Lo peor: El tono tremendamente pesimista que no abandona nunca.
publicado por Ana Belén Pacheco el 27 mayo, 2008

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