Una película fallida que por culpa del guión no te la puedes tomar en serio, viendo simplemente a unos jóvenes estudiantes que quieren jugar a ser detectives y gánsters

★★☆☆☆ Mediocre

Brick

Si en una película ponemos a unos cuantos jóvenes estudiantes, tanto los malos como los buenos, los chulos o los que ni van a la escuela, algunos metidos en el mundo de las drogas y las bandas y ambientado todo descaradamente dentro del cine negro, el resultado que conseguiremos será el mismo que en Brick (2005), un film escrito y dirigido por Rian Johnson, en el que todos los tópicos de dicho género son utilizados para que el espectador se mantenga enganchado a la pantalla. Precisamente, en la historia encontramos a la mítica femme fatale o al detective que se cree muy seguro de sí mismo y que consigue como sea las pistas necesarias para seguir al jefe de una banda. Lástima que la más o menos aceptable dirección, alternando casi siempre planos generales con primeros planos (aunque con algún fallo de raccord), no se adecúe con lo que vemos, sin ser tan atrayente como realmente debería de ser. Es decir, Johnson sí que consigue momentos de suspense o de tensión, sobre todo en una de las escenas del final, pero juega con el espectador haciéndole creer que la historia es muy interesante cuando en realidad en pocos momentos sabe acertar con el tono de la película, introduciendo algo de humor que para nada viene a cuento y obteniendo en su contra un supuesto juego en el que los jóvenes protagonistas parecen querer ser unos tipos duros como en las pelis de gánsters, con unos diálogos totalmente pretenciosos y que chirrían un tanto al salir de sus bocas.

Y en el inicio Johnson ya deja claro que quiere conseguir la atención del espectador y la verdad es que lo consigue. Vemos a un chico mirando el cuerpo de una chica muerta y poco después la acción retrocede dos días antes de ese hecho, justamente en un colegio, en el mismo momento en el que la misma chica introduce algo en la taquilla de él. Es un papel con una dirección y una hora. Según parece va a recibir una llamada de ella en una cabina telefónica y cuando conversan el espectador sabrá que él se llama Brendan (Joseph-Gordon Levitt) y que la chica es Emily (Emilie de Ravin), una supuesta ex-novia a la que hace dos meses que no ha visto. En los pocos minutos que hablan él se da cuenta de lo mal que parece estar ella, preocupada por algo que ha hecho. Al colgar sin previo aviso y asustada por algo, él comenzará una investigación para saber su paradero con la ayuda de un amigo al que llama Cerebro (Matt O’Leary), y a medida que va avanzando la trama se irán introduciendo más en el meollo del asunto.

Las interpretaciones realmente son correctas, aunque poco más. Es curiosa la recreación del joven actor Gordon Levitt que siempre aparece con la misma chaqueta y con las manos metidas en los bolsillos, como una clara intención de marcar una actitud de desconfianza en su personaje, totalmente solitario y por momentos atormentado. Este actor tiene una larga trayectoria desde que empezó en la televisión, conocido aquí por Cosas de marcianos (1996), y cuya carrera parece no tener fin ya que tiene varios films por estrenar. Su película más recordada hasta la fecha es (500) Días juntos (2009), con la que estuvo nominado a un globo de oro, aparte de ser un acompañante de Di Caprio en Origen (2010). También le acompaña Lukas Haas (recordado como el niño de Único Testigo) que hace el papel del enigmático y fantasmal The Pin, un verdadero camello que tiene a su servicio a un matón llamado Tug (Noah Fleiss), o la guapa Nora Zehetner que es Laura Dannon, la mencionada femme fatale de la historia.

Quizás la intención del director de querer explicar el porqué del asesinato de una joven sea la excusa perfecta para mostrar el odio que está totalmente presente en estos jóvenes a los que únicamente parece importarles salvar su propio culo. Y para intentar conseguir representar ese mundo oscuro, la fotografía de Steve Yedlin es muy apropiada; y en cuanto a la música, Nathan Johnson, primo del director y autor también de la banda sonora de su siguiente película, The Brothers Bloom (2008), hace lo que puede para dar algo de ambiente aunque a ratos de la sensación de que las composiciones tampoco parecen compaginar con lo que vemos. Por eso, el problema absoluto de la película radica en el guión del propio Johnson. Aunque haya querido contar una historia entretenida, con altas dosis de violencia y de misterio, la sensación que a uno le queda es que el resultado es algo frío y distante, cuando tendría que haber sido todo lo contrario.

publicado por elprimerhombre el 19 junio, 2011

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