Savage Grace no es más que un melodrama sensacionalista de ínfima calidad que explota el morbo del público norteamericano, ávido de escándalos en las grandes familias de la alta sociedad.

★☆☆☆☆ Pésima

Savage Grace

Hay familias cuyas vidas parecen sacadas de la imaginación de algún guionista de melodramas o de culebrones, pero como reza la conocida frase, la realidad siempre supera a la ficción. Y como suele ocurrir, siempre hay algún productor ávido de explotar la curiosidad morbosa del ser humano, y decide emprender un proyecto para contar esa historia.

Y aquí tenemos Savage Grace, que narra algunos de los hechos que acontecieron a una familia de la alta sociedad norteamericana entre los años cincuenta y setenta. En Estados Unidos parece ser una saga familiar mítica, casi de leyenda, y las circunstancias la verdad es que no son para menos. Pero en eso se queda la película, en una historia sensacionalista, retorcida y truculenta, que sólo busca despertar el morbo en el público. Todos los elementos están forzados para dar aún más sensación de culebrón barato, con algunas escenas que podrían haber sido ideadas por los pseudo guionistas de programas como Aquí hay Tomate. Tom Kalinse se pasa tanto de rosca que la película llega a ser patéticamente divertida para aquellos espectadores que aún tengan el ánimo y la entereza para tomárselo todo a guasa. La secuencia del aeropuerto es sencillamente de las más bochornosas que se han visto en un film supuestamente serio en bastante tiempo, y basta con ver la expresión de Elena Anaya, que está pensando en quién la mandaría embarcarse en semejante despropósito. Algo así también deben pensar Unax Ugalde, Belén Rueda y Simón Andreu, aunque sus papeles son meramente testimoniales. Julianne Moore tiene la excusa de que el personaje era un bombón, y que en las circunstancias adecuadas, podría haber sido Oscarizable.

Savage Grace no es más que un melodrama sensacionalista de ínfima calidad que explota el morbo del público norteamericano, ávido de escándalos en las grandes familias de la alta sociedad. Es una película que no ofrece ningún incentivo a cambio de la desagradable tarea de visionar sus noventa minutos, que se hacen eternos.

     

  

Lo mejor: Julianne Moore.
Lo peor: Su apuesta descarada por el morbo y el sensacionalismo.
publicado por Francisco Bellón el 29 enero, 2008

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