Esta recreación del drama de la familia ‘de la baquelita’ no es más que un folletín mal concebido, más cercano a lo endeble que a un relato sólido. Eso sí, Julianne Moore, como siempre, salvable.

★☆☆☆☆ Pésima

Savage Grace

No sé ustedes, pero yo estoy aburrido de la pretensión de algunos por no dejar indiferente a nadie… Que los desequilibrados personajes en los que está basado este relato novelesco tuviesen un cacao mental puede ser, hasta cierto punto, algo lógico e interesante para mostrar. Desde luego, los matices y dobleces son enriquecedores a la hora de hacer una película, pero que el director del mejunje –por cierto, nada barato- no tenga claro cómo contarlo, es algo que pesa como una losa.

El amigo Tom Kalin saltó a la palestra con un título clave en el New Queer Cinema, algo que me tuvieron que explicar –es la escisión más gay del movimiento independiente surgido en los noventa-. Entendido esto cuesta menos averiguar el porqué del cambio de rumbo del cineasta apasionado por desenterrar los secretos de la mente criminal y las historias fuera de lo común aunque curiosas por ser del todo reales. También es cierto que no vira demasiado el cineasta de Swoon, porque le va eso de llevar tabúes a la pantalla.

Ese reto es digno de mencionar aunque de pretensiones no se vive: no importa que se vean escenas sexuales explícitas que atenten contra nuestro pudor, resulta hasta cierto punto interesante ver cómo los intérpretes intentan desenvolverse en terrenos farragosos, pero falla el armazón, el esbozo de los personajes y las relaciones entre ellos. Es una pena, sobre todo para los que han dejado su impronta en esta película y los que esperaban algo más acerca de este episodio sobre la decadencia de la clase alta en caída libre, que siempre gusta ver en pantalla grande.

Si de algo sirve esta propuesta es para poner de manifiesto que a España pueden venir desde fuera a hacer cine: en Barcelona se recrean localizaciones tan dispares entre si como París, Londres, Nueva York y Mallorca –en Cadaqués sí que rodaron de verdad. Son lugares por los que pasan los herederos del creador de la baquelita, la familia Baekeland, desquiciada, sí, pero con espíritu aventurero o, mejor dicho, escapista. Por cierto, sólo son efluvios ilusorios, ya que, perderse por el jardín de casa, por muy grande que sea, emoción no tiene. Igual que esta película.
publicado por Daniel Galindo el 3 febrero, 2008

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